Lota, el CCPLM y la Gasfitería

¿Qué tiene que ver el CCPLM con Lota? Eso me preguntó directamente, por vía telefónica, un funcionario del Palacio real. O sea, no del centro cultural. Porque está bien, me dijo, que relaciones con humor la peluquería con la rotura del movimiento obrero, pero no era necesario juntar ambos objetos en un mismo texto. Al menos, pensé, me leen en “ese” lugar. Eso ya forma parte del equívoco. Sin embargo, cuando empleó la palabra “rotura”, me abrió el camino para avanzar un poco más en el efecto de la gasfiteria.

 

Por lo general, cuando se habla del pelo, se menciona la palabra “corte”. El mencionado funcionario empleó la palabra “rotura”. Pero de verdad, él me había leído con atención, ya que por la palabra empleada me daba a entender que había ido más allá de un “corte” de filiación, sino que manifestaba el reconocimiento de la “rotura” de un mecanismo. Es decir, de la Reconversión como un mecanismo de corte de filiación obrera. En el sentido de que el corte ya se hizo efectivo, mientras que el dispositivo destinado a blanquear la situación de corte, experimentó una rotura a nivel de sus ejes articuladores. Eso ya se sabía desde la apreciación que hace diez años tuve de la obra que Balmes hizo luego de su visita a Lota. Desde el arte, ya se leía de ese modo: como rotura de un eje de reconstrucción de memoria.

Entonces, ¿y la gasfitería? Eso aparece cuando se tiene certeza del período de administración de merma de la casa. En esta perspectiva, habría que promover cursos de gasfitería a nivel nacional, sobre todo en aquellos lugares de valor patrimonial, para que las ciudadanía desafectada pueda resolver por sus propios medios la gestión de merma.

De verdad, este puede ser un programa de reconversión blanda, fácilmente implementable desde las nuevas estructuras de manejo patrimonial que han sido anunciadas. Fue así que comprendí el alcance del desplazamiento nocional, desde la peluquería a la gasfitería, porque el funcionario que me llamó para protestar por mi confusión, comenzó a hablarme del pelo, pero en verdad, estaba pensando en la rotura de una red. O sea, por extensión, la red cultural condensada en la sigla CCPLM. Rota. Por ausencia de plan maestro. Rota. Por desnaturalización sucesiva de su proyecto inicial. Rota. Por la carencia de un concepto regulador de su función orgánica.

Para el tipo de rotura significada, no hay gasfitería con la que se pueda “dentrar a picar”. Lo que hay que hacer, como dicen los expertos, es una re-ingeniería. Porque hasta el momento, el sitio puede ser visto como un estacionamiento que tiene una entrada monumental, en cuyo espacio se pueden exhibir, algo así, como colecciones étnicas.

Sin embargo, no puede haber re-ingeniería de un mecanismo cuya estructura se sostiene en una dimensión conceptual ferretera, pre-Home Center. Con todo el respeto que tengo por el rubro. De ahí que al CCPLM, en su proyección estratégica, le ocurre lo mismo que ya fue ensayado con la Reconversión de Lota: es un proyecto de encubrimiento de una rotura de filiación. Porque ante la imposibilidad de hacer cuajar la puesta en escena de una “imagen-país”, lo que hace es diferir el encajonamiento del ícono desfalleciente del “país-real”. Por eso tenía que relacionar la peluquería, Lota y el CCPLM.

 

 

 

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