by Justo Pastor Mellado
En el encuentro del 22 de enero en Radio Zero, con Pato Fernández y Claudia Alamo, hubo tres cuestiones planteadas sobre las que quisiera hacer algunas anotaciones. La primera fue la cuestión de la extorsión concertacionista de las víctimas; la segunda, la aparición de un nuevo sujeto político; y la tercera, la Pequeña Gigante y su tío Escafandra.
Pato Fernández señala la recurrencia que hay sobre ese tema en mi discurso. Esto me permite rápidamente hablar de la cuestión del sacrificio, citando una frase latina a la que ya había recurrido a fines de los ochenta, para abordar la crítica del ilustracionismo plástico del discurso de los DDHH. Una cosa es la defensa de éstos, otras cosa la política de subordinación ilustrativa. Para el sentido común de la oposición a la dictadura, no había autonomía discursiva en ese terreno. Este hábito analítico se trasladó a la transición y perduró hasta ahora. La relación de los DDHH con su “representación plástica” se extiende a la presencia de algunas obras en el Museo de la Memoria, reciente y aceleradamente inaugurado.
¿Cual era la cita a la que me refería, en los ochenta? Sanguis mártires, semen christianorum (Sangre de mártires, semillero de critianos). Es curioso: en el libro sobre arte chileno publicado a fines de los ochenta, Chile Arte Actual (Galaz-Ivelic), aparece publicado en un anexo. Se trata, pues, de un texto disponible desde hace dos décadas, pero que -al parecer- nadie había querido leer. Nadie podría venir hoy día a declamar sorpresa. Desde siempre ejercí la crítica contra quienes, en el fondo, hacían una valoración invertida de la represión. Esta era una reflexión interna -en la cultura de izquierda-, que buscaba analizar el discurso justificativo de dos entidades: el MIR y el FPMR. En efecto, a propósito de Neltume y de los Queñes, por mencionar solamente dos hechos, había dos cuestiones que no deseaba dejar pasar; la primera, la legitimación que -a través de un sacrificio- se hacía de una decisión política; la segunda, la posibilidad jurídica de hacer extensiva una responsabilidad política hacia terreno de una responsabilidad penal.
La segunda cuestión determina la primera. En virtud de un análisis político de las condiciones de lucha opositora a la dictadura, unos sujetos determinados, dotados de un poder de decisión determinado, enviaban a la muerte a otros sujetos. Es decir, una lectura de la fase legitimaba y autorizaba la validez de unas acciones, cuya realización efectiva demostraba la ausencia absoluta de los elementos que la habilitaban. Las condiciones de los relatos no podían dar cuenta de las condiciones materiales objetivas bajo las cuáles dichas acciones debían tener lugar. No solo el abordamiento político era incorrecto, sino que la situación operativa no correspondía a las ensoñaciones que -a sabiendas o no- las encubrían.
Lo anterior nunca fue abordado ni por las propias organizaciones involucradas, ni por el resto de la izquierda. De modo que el tema del respeto al sacrificio cubría toda tentativa analítica que pusiera en crisis una ética de lectura. Desde ahí, el uso extorsivo de la víctimas, para justificar una decisión de voto, era el punto terminal de una argumentación que jamás fue puesta en duda, durante más de veinte años.
En este contexto, la observación de Pato Fernández adquiere total pertinencia. Manifestando su acuerdo con mi argumentación de base, sin embargo teme que ésta pueda ser empleada por los talibanes de la derecha.
by Justo Pastor Mellado
Ha comenzado a correr una carta abierta dirigida a los candidatos del denominado progresismo. La firman algunos artistas y agentes culturales que manifiestan su preocupación ante el regreso de la derecha. La verdad es que la derecha no regresa a ninguna parte, porque ha estado siempre en el gobierno. Dos botones de muestra: uno, Lagos ha sido el mejor presidente de los empresarios; dos, la criminalización del movimiento mapuche mediante la aplicación de leyes antiterroristas heredadas de la dictadura.
Cuando los artistas y los intelectuales redactan cartas son de temer, por la cantidad de lugares comunes que exhiben en su argumentación. De seguro, ante estas horas dramáticas de la patria, las conciencias lúcidas conminan a los políticos a cumplir con sus tareas históricas. En épocas normales, no lo han logrado. Es probable que la característica de los enunciados de los artistas e intelectuales sea que se manifiestan solo en momentos de crisis. Esta sería una de ellas: al artista e intelectual faro cumple con su misión. Eso está muy bien. Pero me recuerda esas listas que algunos agentes comienzan a correr para los premios nacionales de algo. Es como si pensaran que el premio se otorga por plebiscito. Lo que hacen es poner a correr una lista, no tanto para apoyar a un nombre determinado, sino para pasar lista; es decir, para activar un operativo policíaco destinado a reunir a los que están conmigo e identificar a los que están contra mí. Lo cual, reproduce la soberana amenaza del comando freísta al polarizar esa segunda fase de la campaña.
Más aún, esta carta abierta comienza a circular en el momento que en la televisión por cable se retransmite la serie Los invasores. Esta coincidencia es muy decidora acerca del tipo de recurso junguiano que sostiene la carta. Podría haber sido más benjaminiano, en verdad. Pero el tono de guerra fría satisface un espíritu de fronda que reproduce el tipo de amenazas simbólicas de quienes temen perder pan y pedazo.
No hay acuerdo posible entre los candidatos del denominado progresismo. Un conveniente pacto parlamentario no pone fin a la exclusión política, sino que abre dentro de las posibilidades que proporciona el propio sistema de exclusión, una inclusión pactada de candidatos comunistas. Bien por ellos. Pero esto no termina con la exclusión.
Tampoco habría que poner en un mismo terreno la desafección partidaria representada parcialmente por Marco Enríquez-Ominami, con los propósitos de la candidatura de Arrate, porque son más las cosas que los separa que aquello que los une. De partida, la lectura de los socialismos reales y de las dificultades que ha habido en nuestro país para profundizar la democracia.
La carta alude a la dispersión de las fuerzas, como si fuese una misma entelequia la que las sustentara. Más que nada, esta elección demuestra que existen fuerzas diversas y no reductibles a los mandatos sectoriales de los partidos. Pero los artistas deben cuidarse de no ser correa transportadora de las proyecciones de grupos de presión que apelan a sus recursos en momentos como éste. Sin embargo, ni los comandos ni las cúpulas partidarias pueden proporcionar garantía alguna a los artistas, hoy, de que habrá transformaciones en sus prácticas.
Los actores y artistas que ofrecen su visibilidad en este proceso, ni siquiera ofrecen garantías a sus propios colegas. ¿De qué me están hablando, entonces? El frente que se proponen salvar es un conglomerado en el que siguen predominando quienes han ejercido el gobierno durante casi veinte años, manejando a su antojo la memoria de las víctimas de la dictadura, especulando en su nombre, y que hicieron su aprendizaje político en el encubrimiento y desmantelamiento de las iniciativas ciudadanas.
El propio progreso social ha sido puesto en peligro por el autoritarismo excluyente de la Concertación, de su cúpula partidaria, de sus funcionarios altos, medianos y pequeños, poniendo en función formas blandas de desnaturalización de la autonomía de los movimientos sociales. De lo único que saben en el funcionariato es de control de poblaciones declaradas vulnerables.
La carta abierta llama a los candidatos a formar un nuevo pacto que permita encauzar la renovación de la política chilena. Pero si esa fue la promesa incumplida en virtud de la que nos han extorsionado durante estos casi veinte años, esgrimiendo de manera explícita e implícita, según la coyuntura, la amenaza del caos, reponiendo los efectos simbólicos de la serie de Los invasores, como si fueran una especie de tanques rusos invertidos, jugando con datos históricos traspuestos.
Más que nada, una carta abierta de artistas e intelectuales, junto con su dudosa candidez, lo que señala es la existencia de un llamado amenazante a la subordinación, bajo la cobertura de un llamamiento a la dirigencia política, pero sobre todo, autoriza la visibilidad de las listas para las futuras exclusiones, como si los tiempos fueran propios a la vigencia de los Frentes de Artistas e Intelectuales contra el Nipo-Nazi-Fascismo. Es muy probable que los redactores de la carta hayan estado leyendo los viejos panfletos de David Alfaro Siqueiros: Ante la Guerra, Arte de Guerra.
Una sugerencia, en esta línea, sería aquella en que los artistas e intelectuales de la carta abierta se reunieran el 10 de enero, en la inauguración del Museo de la Memoria, con el candidato Frei, en un acto de llamamiento a las fuerzas progresistas, especulando una vez más sobre la memoria de las víctimas, como tan bien lo ha sabido hacer hasta ahora.