política bloguera. Justo Pastor Mellado
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LA CONCERTACIÓN COMO CORRUPCIÓN PROGRAMÁTICA.

En el programa Tolerancia Cero (CHV) del domingo 20 de diciembre, Marco Enríquez-Ominami pronunció dos palabras que ni El Mercurio ni La Nación del lunes 21 calificaron de impronunciables; vale decir, de in/imprimibles.

Las dos fortalezas de papel negaron el enunciado a tal punto que se  debiera pensar que este no tuvo lugar. Y sin embargo Marco Enríquez-Ominami fue muy claro cuando dijo que Frei representaba la corrupción programática de la Concertación.

Ningún candidato ha ido tan lejos en la caracterización del modelo de gobernabilidad imperante. El Mercurio del lunes puso el énfasis en la cobertura de la satanización del apoyo del PC a Frei, mientras  La Nación recalcaba el valor del discurso respetuoso de Enríquez-Ominami hacia las bases de Frei. Los objetivos de ambos complejos editoriales no hacen más que exponer sin transición ni mediación alguna sus expresiones de deseo. El primero, demostrando la existencia de un pacto contra-natura, destinado a demostrar que la voracidad del hijo traiciona los principios anti-comunistas del padre, a quien se le recuerda como un legítimo promotor del “pronunciamiento” militar. El segundo, esbozando la secreta esperanza de que las bases ejerzan presión sobre la conducción del Comando.

El enunciado sobre la corrupción programática fue borrado por el deseo de desatención sobre un modelo estructural de comportamiento, que involucra los temores de la Alianza a ser reconocida como la continuidad conservadora de un modelo de dominio que se ha instalado en la política chilena.

El programa remite a “algo más” que un plan de gobierno. Este tipo de distinciones resulta totalmente jocoso, al recordar las viejas y no menos sorprendentes ocurrencias de los agentes de glosa  de Enrique Correa durante la UP, para segmentar los tiempos de la producción política en Fase, Etapa y Período, para luego aplicarlos a la diversificación de las Tres Tareas: de Liberación Nacional, de Profundización de la Democracia y de Construcción del Socialismo. (Aplausos. Risas prolongadas). ¡Por eso es que he hablado de éste sujeto y articulador de la corrupción programática, como un maestro-de-lengua. Lo cual no viene a ser más que un chiste de arrastre. Pasemos.

El programa, entonces, corresponde al orden de la estrategia y recoge los trazos inscriptivos de la gobernabilidad, en su versión flacsiana de los orígenes; es decir, de los grandes financiamientos (ADN). El plan remite en cambio a complejos tácticos distribuídos en los patios traseros de la democracia y comprometen la pragmática de secuestro cotidiano de las iniciativas ciudadanas de autonomía del movimiento social.

El espacio en que esta pragmática se ha hecho evidente ha sido el de la “mesa de trabajo” como lugar decisivo de desactivación de la voz ciudadana, mediante formas eficaces de desvío y desnaturalización de la palabra. Mediante este procedimiento, el funcionariato ha logrado montar un mecanismo de usura y tetanización de la escucha con resultados de una eficacia sin precedentes. El goce del funcionariato se verifica en la producción de una instancia de cinismo de primer grado, en que reúnen a interlocutores en torno a una mesa en el momento que avanzan con decretos y acciones  que operan sobre flujos consumados.

Quizás la mayor expresión de este procedimiento fue la comisión de educación que aniquiló las demandas de los “pingüinos”. Otra manifestación flagrante fue la negativa de las cúpulas partidarias para realizar primarias abiertas. Este fue el momento  de quiebre en los procedimientos de manejo, porque demostró que las propias cúpulas asumían las fallas reconocidas del funcionariato en la gestión de gobernabilidad, con lo cual no hicieron sino exhibir el punto máximo de fragilidad del dispositivo de control de las intensidades administrativas.

El objetivo había sido desplazado desde la desactivación de la energía ciudadana hacia la nominación de un candidato mediante la teatralidad de la restricción representativa. ¡Les dañó el seso la Pequeña-Gigante! LA corrupción de los dispositivos de legitimación se instaló como una verdad efectual cuyas consecuencias el comando freista no puede ya controlar, porque la forma inicial de nominación del propio candidato hace imposible hoy día sostener credibilidad alguna a sus demandas de acogida.

Frei representa la corrupción programática de la Concertación y lo hace a fuerza de encarnar la ilegitimidad del procedimiento que lo instaló como candidato. A estas alturas, nadie puede proclamarse hospitalario.

December 27, 2009   No Comments