política bloguera. Justo Pastor Mellado
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EL ARGUMENTO ENCUBRIDOR.

Sorprendente, el argumento inicial de Marco Enríquez-Ominami para dar cuenta de sus diferencias inconciliables con Piñera. El propio nombre compuesto, en su enunciación, es más fuerte que cualquiera de los argumentos vertidos, porque los supera, los inscribe y los reproduce en una memoria activa y contradictoriamente actual. Enríquez es la huella parcial expandida que sostiene el emblema y la enseñanza de Marco.
De este modo, el argumento inicial empleado por Marco, desvía la atención sobre sus propias inconciliabilidades con el freismo, cuyo programa reproduce la corrupción del sistema de gobernación imperante. La noche del 14 de enero, Lagos ironizó mediante inversión comparativa la fórmula expresiva de Marco Enríquez-Ominami, declarando como trofeo discursivo que el “candidato del veinte por ciento” estaba presente, a pesar suyo, en el acto de proclamación del Innombrado.
El argumento empleado es una operación ostentatoria que señala un aspecto regresivo en lo que fue su estrategia argumental en el trato con la historia y su autobiografía. La introducción al discurso de apoyo requería pinochetizar en extremo a Piñera, para hacer evidente el rechazo al endoso de la derrota, que ha operado como un significante extorsivo decisivo en su decisión.
Cuestión discursiva: hay que volver a leer los textos que escribía Tironi a comienzos de los años ochenta, cuando reconocía las virtudes de la “democracia burguesa”. De algún modo, la izquierda debía re-democratizarse, en términos sistémicos, para hacerse creíble en una política de renovación.
¿No sería posible reconocer la existencia de una renovación discursiva y política en el extenso e intenso campo de la derecha chilena? Es decir, valga este chiste cruel: la derecha también tendría sus propios Tironi. Lo cual, por cierto, no es ninguna garantía. Pero vale el argumento comparativo, que sostiene la pregunta: ¿sería posible advertir la existencia de una derecha despinochetizada? Si se piensa en Fontaine o en Gallagher, resulta evidente que han sido sujetos de dicha renovación. Entonces, Marco Enríquez-Ominami debió haber sido consecuente con su método de hacer distinciones y no meter a todo el mundo en el mismo saco.
Repito: su solo nombre es portador de una memoria distinguida, distintiva y diferenciada. Si Piñera está ligado a la noche oscura que llenó de luto a nuestro país, entonces será preciso deslizarse por la pendiente del apellido y sus proximidades socialcristianas para indagar en las complicidades del luto.
El Innombrado fue golpista, como su padre, y en esa línea de recuperación de los cómplices del luto, posee una responsabilidad que la venalidad política del socialismo le permitió blanquear.
Lo que dice Marco Enríquez-Ominami, por omisión, es que a pesar de todo, su distancia con el Innombrado es, en otro registro, inconciliable e incompatible. Marco Enríquez-Ominami tuvo la osadía argumental, durante la campaña, de recordarle al candidato oficialista cierta donación, realizada en una fecha que era próxima al asesinato de Miguel Enríquez.
Esta campaña ha sido una escena en que han salido a flote los argumentos que siempre estuvieron cubiertos por la necesidad política de asegurar, a como diera lugar, el índice concertacionista de la gobernabilidad. Nunca antes se había recordado tanto el compromiso de la democracia cristiana con el golpe militar. Sus operadores solo conversaron con el socialismo cuando vieron que el poder no les sería restituido. De modo que bien se puede pensar que los socialistas blanquearon a quienes condujeron a Allende a la muerte, para poder disponer de un gobierno.

January 16, 2010   No Comments

UN ESCENARIO POSIBLE.

En Tolerancia Cero, Carolina Tohá completó la operación masacre de la imagen de Marco Enríquez-Ominami, pasando a ocupar el rol de la mensajera a la que le han encomendado la tarea de señala la hora del arribo del tren a Yuma.

No duda en repetir la lección que reproduce la palabra martes como situación indicativa de una amenaza de proporciones.  En los días anteriores, Bachelet ha telefoneado en privado al senador Ominami, haciéndolo asumir el rol del vigilante en el frente interno de Marco. De hecho, parece hacerle entender que le harán pagar caro el efecto de su diligencia. Si Marco apoya a Frei, el senador regresará a la política grande, como lo dado a entender  Carolina Tohá, en el mismo programa.

Si Marco no apoya a Frei, Carlos será repudiado entre los veteranos de su generación. A menos que demuestre la suficiente distancia que le permita  lavarse las manos. Pero a estas alturas, ni eso ya tiene valor. Los tiempos no están para la metáfora, sino para el voto.

En la previa, el objeto es hacer que Marco permanezca en un área que se le ha diseñado especialmente. Por oposición a la política grande a la que reingresa el padre, el hijo debe no poder abandonar un área de política chica, en la que debe quedar confinado. Ese debe ser el castigo para quien ha quedado desprotegido -al no pasar a segunda vuelta- y es objeto de la persecución de una jauría que no le debe perdonar el haber roto con ciertas trabas simbólicas.

Una de ellas ha sido desentenderse de las garantía simbólicas de los tutores de la política chilena.

Para enfrentar a Marco y su rupturalidad, debían poner a la cabeza del comando a Carolina Tohá,  una eficiente vocera en situación de garantización permanente y que está disponible –diputada, vocera, jefa de comando- para ser la primera en demostrar que es la mejor alumna del socialismo orgánico. Lo que le importa no es Frei, sino La Concertación; en definitiva, el PS en La Concertación.  Ella no posee autonomía, sino que es “operada” por su “inconciente socialista”.

La hipótesis que La Moneda se juega sobre Marco es que no pueda salir del área de la política chica, sobre todo por su demora en pronunciarse. De todas maneras hay que endosarle el precio de la derrota. Tironi ya lo advirtió en El Mercurio del sábado 9, porque aunque  no esté en el comando, es portavoz del sentido común consistente: Marco está jugando con nosotros, dice; ya habría pasado  el momento en que su pronunciamiento hubiese sido eficaz. A estas alturas, cada día que pasa, tiene cada vez menos valor.

¿Qué debiera hacer Marco Enríquez-Ominami? ¿Hablará el martes, después del debate de la noche del lunes? Lo que debiera hacer es continuar con su política de distinciones.

Ese ha sido su mayor logro: separar problemas y promover conexiones inhabituales, desbaratando las retóricas de la autojustificación interminable.

Si Frei es un mal menor, entonces, Marco Enríquez-Ominami debiera  establecer relaciones micropolíticas con las figuras de la “renovación” concertacionista; es decir, con la minoría crítica que sabemos. Eso significaría justificar su apoyo a Frei, solo para fortalecer las dinámicas de renovación de la Concertación. Pero, ¿es efectivo que esas dinámicas existen, más allá de las imágenes que proyectan algunos rostros emergentes? De modo que la ficción de unos aliados al interior de dicho bloque en desconstitución no es efectiva.

Solo tendría eficacia si la Concertación sobrevive a este batalla decisiva. De lo contrario, ya no existirá como lo que se ha conocido hasta ahora. La  masa crítica minoritaria se ocupará de fortalecer su posición al interior de cada partido, en situación de afirmación diferenciada.

Pensando en hoy:  ¿bastan los rostros de Orrego, Navarrete, Walker, Díaz, Rossi, por nombrar a algunos, para garantizar un proceso de renovación de las “maneras de hacer” de  la Concertación? Un rostro facializa una intención, pero no asegura una política de infraestructura, todavía. Aunque Marco  declare sus propósitos en esta hipótesis, los supuestos anfitriones no están dispuestos a enfrentar a los padres totémicos en su nombre. Prefieren la autonomía relativa que les permita manejar una nueva  legitimidad tolerada. Esto hace pensar que la Concertación, estructuralmente, es in-renovable.

Estamos a lunes en la tarde: las leyes “marquistas”, mal que le pese la denominación a Bachelet, no son suficiente garantía de renovación, sino una muestra desesperada de la voracidad electoral freista. Eso deja en claro la desidia del Ejecutivo, al no haber instalado estas iniciativas en su agenda normal. Lo cierto es que la existencia de Marco Enríquez-Ominami no permite  imaginar transacciones como ha sido la tradición concertacionista. El hombre conoce las técnicas del reduccionismo de aparato y no tiene confianza en las lealtades obtenidas bajo amedrentamiento.

Para ser fiel a si mismo y al delirio estructurado que montó y sistematizó, debe radicalizar su posición respecto de Frei y hacerlo responsable de la corrupción programática a la que hizo tan brillantemente mención en Tolerancia Cero de hace algunas semanas.

Forma parte de esa corrupción el recurrir en momentos de desesperación, a la extorsión mediante la ostentación de la victimalidad.

La Concertación ha heredado la frase monumental de “ser la voz de los que no tienen voz”, convirtiendo a las víctimas en una reserva moral, exhibida sólo cuando debe recurrir a ella como un último recurso, que es nuevamente, un modo abyecto de seguir poniendo los muertos sobre la mesa.

Marco Enríquez-Ominami debe recusar con decisión los intentos de endoso de la derrota, con la suficiente elocuencia que impida que la hipótesis de Bachelet funcione. La transformación de la política a la que Marco Enríquez-Ominami apela, tuvo su comienzo en la canalización y sistematización de un malestar colectivo respecto de las prácticas reductoras de la autonomía. Pero es tan solo el comienzo de una propuesta que ha tenido una forma de expresión excepcional, en el formato de una presidencial. Sin embargo, es deseable pensar que Marco Enríquez-Ominami encabeza un movimiento de transformación de la política que exige romper simbólicamente con las cadenas de extorsión sobre las que la Concertación ha llegado al gobierno y se ha mantenido en él.

La derrota de Frei es el síntoma del desgaste que ha experimentado la sustitución policial de las voces de la multitud.

El triunfo de Marco Enríquez-Ominami solo se ratifica en el terreno de la ficción ética, que autoriza el montaje de dispositivos de emancipación de la subjetividad cívica.

January 12, 2010   No Comments