política bloguera. Justo Pastor Mellado
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EL QUIEBRE DE GOCE.

La Nación del 20 de enero señala se refiere a la Concertación como si existiera como ente orgánico, capaz de llevar a cabo dos tareas inmediatas: realizar la autocrítica y ampliar el bloque. Pensar que la renuncia de los jefes de partido hubiese sido eficaz ya no tiene sentido, más que como un síntoma de descomposición política. Era tal el avance de ésta que hasta el propio Gobierno se distanció para no ser contaminado por la derrota.
¿Cómo es posible que la aprobación de la presidenta no se hubiese volcado en provecho del candidato? La respuesta de hoy hace pensar que dicha aprobación tiene todas las características de una operación escenográfica, siendo fiel a la instancia Curepto de su validación. O cierto es que el Gobierno no podía, desde su legitimidad evidente, sostener a un candidato cuya ilegitimidad se convirtió en tema. La Concertación, probablemente, se derrumbó el día en que Escalona agredió a Gómez, porque dejó en evidencia que los intereses de los aliados ya se habían reconocido en una incompatibilidad que excedía el programa, afectando sus propias bases afectivas.
Mi hipótesis de que Latorre deseaba la derrota de Frei, porque lo convertía en un personaje político autónomo, no fue la correcta. Latorre, por todo lo que analizado de su trayectoria partidaria, ha sido un simple secretario que fue conducido a ocupar un rol político para el cual no tenía peso propio. De este modo, carecía de ambición, en relación a la dupla Martínez-Alvear, que demostraba que tenía demasiada ambición. Ninguna de las dos estrategias cuajó dando lugar a una autonomía partidaria re-identitaria, si bien Latorre, al menos, dejó al partido en un buen pie como fuerza senatorial. Pero de ahí, a pensar que él podía liderar una autonomización partidaria consistente, me equivoqué. Aunque él sabe que el mayor peso de la visibilidad del desorden se lo lleva el partido socialista, al sostener -como ingeniero que es- que las tres candidaturas son un hecho indesmentible, sin entrar a responsabilizar a Escalona en el asunto. Le bastó señalar el dato empírico.
El problema de Escalona es más complejo, porque él representa un tipo de socialismo histórico apegado a sus más fieles tradiciones discursivas; como puede ser, en esta ocasión, la tradición ceremonial de la “autocrítica”, como pieza retórica destinada a distribuir responsabilidades en función de una operación de justificación interminable de “justeza de línea”.
Pues bien: la necesidad de ampliar el bloque depende de los alcances de la autocrítica. Pero aquí hay un supuesto insostenible: que el bloque existe. Más allá de los deseos de que exista, es muy probable que haya dejado de existir hace mucho. Como digo, en el momento del triunfo de Frei en las primarias-Curepto. Lo cual los hizo trabajar sobre una hipótesis imposible de remontar, respecto de la credibilidad de los guiones en juego, en esas escenas de amedrentamiento y de extorsión, que caracterizaron los últimos meses de campaña. Es decir, cuando la Concertación apeló a la memoria de las víctimas, ya perdió la batalla.
Desde el momento que Carolina Tohá tomó la jefatura y habló de la necesidad de acoger, dejó de ser acogedora. No podía ser de otra manera: no hizo absolutamente ningún gesto de acogida, más que amedrentar con el endoso de la derrota. Trasladó sus dotes de respóndelo-todo a un comando; pero ahora se advierte la dimensión del gesto de desistimiento de la propia presidenta: la envió en comisión-de-servicio, desde el Gobierno al Comando. En esta lógica, el Partido no existió. Es decir, la defección de las orgánicas ya había tenido lugar, porque se demostraron ineficaces para levantar una campaña territorial. La única estructura eficaz en ese ámbito seguía siendo el Gobierno. De modo que la solicitud condicionante planteada por ME-O no fue entendida como el procedimiento que encubrí el punto real del derrumbe. La petición de descabezar a los partidos demostraba que los partidos ya no tenían cabeza; que la cabeza de los partidos había sido transferida al Gobierno. En este sentido, el Gobierno fragilizó a los partidos como parte de un proceso inevitable, sin haberlo pensado mucho, pero desmantelando sus mitos a través de un desplazamiento de las dinámicas de deseo, desde el goce del aparato partidario al goce del aparato de Gobierno, lo que provocó una mutación en las dependencias subjetivas y en las lealtades grupales de nuevo tipo surgidas bajo protección funcionarial, en todos los niveles.
Dicho lo anterior, la autocrítica partidaria debiera ser realizada por quienes no participaron del goce de los aparatos; lo cual resulta simbólicamente impracticable, hasta que no se realicen los primeros ajustes de cuenta. No se debe confundir la autocrítica partidaria con el diagnóstico reservado de la pragmática gubernamental. De ello depende la posibilidad, no ya de ampliar el bloque, sino de recomponer la dignidad interna de cada partido.

January 21, 2010   No Comments

EL DEBATE COMO RITO DE INICIACIÓN.

El hábito hace al monje. Las corbatas rojas en los trajes de Frei y Piñera señalaron el inquietante peso que en el debate ejerció el fantasma de Marco Enríquez-Ominami. El vestuario es un discurso complejo y los votantes marquistas debían percibir en las corbatas un guiño incandescente que se congeló en el momento de iniciado el intercambio de propósitos diferenciadores, como si se tratara de una discusión de patio escolar, en que poco faltó para que alguien gritara “!tócale la oreja!”.
Esta fue la noche en que la televisión produjo su propio homenaje, haciendo ostentación de su poder en el diseño del espacio público. Para ejecutar el cometido sometió a los dos candidatos a un ritual de iniciación en que la estructura de las preguntas correspondía a una sesión de indagación parlamentaria, en que los sujetos fueron presentados como sospechosos de un acto alevoso; por ejemplo, el haber manifestado el deseo de ocupar la primera magistratura.
Sin embargo, la odiosidad teatral de los periodistas aparece como un intento eufórico de su parte, que hace pensar en una independencia que no tienen. El poder del medio no pasa por el poder de los periodistas, sino que éstos solo se verifican como agentes operativos de una estructura de enunciación que los supera.
Siendo nulo el efecto del debate en el electorado ya confirmado a estas alturas, solo quedaba realizar esta ceremonia discursiva mediante por la que la industria expone la regulación de un dissenso regulado que está destinado a asegurar la continuidad de su carácter.
En definitiva, esa noche no fue la noche de los candidatos sino la noche de los periodistas. A tal punto, que uno de ellos se convirtió en figura nacional por haber introducido elementos de crispación suplementarios. En todo caso, lo que dominó el debate en formato de examen oral fue la diferenciación de grados y no la naturaleza de las ofertas. La balanza de los discursos estaba arreglada para sostener medidas que no ponían en suspenso los supuestos de su equilibrio. La continuidad cromática de las corbatas mantenía el rigor de la escala desde un “más de derecha” a un “menos de derecha”, pero hablando la misma lengua económica, con la promesa de una mayor o menor Protección Social.

January 14, 2010   No Comments

UN ESCENARIO POSIBLE.

En Tolerancia Cero, Carolina Tohá completó la operación masacre de la imagen de Marco Enríquez-Ominami, pasando a ocupar el rol de la mensajera a la que le han encomendado la tarea de señala la hora del arribo del tren a Yuma.

No duda en repetir la lección que reproduce la palabra martes como situación indicativa de una amenaza de proporciones.  En los días anteriores, Bachelet ha telefoneado en privado al senador Ominami, haciéndolo asumir el rol del vigilante en el frente interno de Marco. De hecho, parece hacerle entender que le harán pagar caro el efecto de su diligencia. Si Marco apoya a Frei, el senador regresará a la política grande, como lo dado a entender  Carolina Tohá, en el mismo programa.

Si Marco no apoya a Frei, Carlos será repudiado entre los veteranos de su generación. A menos que demuestre la suficiente distancia que le permita  lavarse las manos. Pero a estas alturas, ni eso ya tiene valor. Los tiempos no están para la metáfora, sino para el voto.

En la previa, el objeto es hacer que Marco permanezca en un área que se le ha diseñado especialmente. Por oposición a la política grande a la que reingresa el padre, el hijo debe no poder abandonar un área de política chica, en la que debe quedar confinado. Ese debe ser el castigo para quien ha quedado desprotegido -al no pasar a segunda vuelta- y es objeto de la persecución de una jauría que no le debe perdonar el haber roto con ciertas trabas simbólicas.

Una de ellas ha sido desentenderse de las garantía simbólicas de los tutores de la política chilena.

Para enfrentar a Marco y su rupturalidad, debían poner a la cabeza del comando a Carolina Tohá,  una eficiente vocera en situación de garantización permanente y que está disponible –diputada, vocera, jefa de comando- para ser la primera en demostrar que es la mejor alumna del socialismo orgánico. Lo que le importa no es Frei, sino La Concertación; en definitiva, el PS en La Concertación.  Ella no posee autonomía, sino que es “operada” por su “inconciente socialista”.

La hipótesis que La Moneda se juega sobre Marco es que no pueda salir del área de la política chica, sobre todo por su demora en pronunciarse. De todas maneras hay que endosarle el precio de la derrota. Tironi ya lo advirtió en El Mercurio del sábado 9, porque aunque  no esté en el comando, es portavoz del sentido común consistente: Marco está jugando con nosotros, dice; ya habría pasado  el momento en que su pronunciamiento hubiese sido eficaz. A estas alturas, cada día que pasa, tiene cada vez menos valor.

¿Qué debiera hacer Marco Enríquez-Ominami? ¿Hablará el martes, después del debate de la noche del lunes? Lo que debiera hacer es continuar con su política de distinciones.

Ese ha sido su mayor logro: separar problemas y promover conexiones inhabituales, desbaratando las retóricas de la autojustificación interminable.

Si Frei es un mal menor, entonces, Marco Enríquez-Ominami debiera  establecer relaciones micropolíticas con las figuras de la “renovación” concertacionista; es decir, con la minoría crítica que sabemos. Eso significaría justificar su apoyo a Frei, solo para fortalecer las dinámicas de renovación de la Concertación. Pero, ¿es efectivo que esas dinámicas existen, más allá de las imágenes que proyectan algunos rostros emergentes? De modo que la ficción de unos aliados al interior de dicho bloque en desconstitución no es efectiva.

Solo tendría eficacia si la Concertación sobrevive a este batalla decisiva. De lo contrario, ya no existirá como lo que se ha conocido hasta ahora. La  masa crítica minoritaria se ocupará de fortalecer su posición al interior de cada partido, en situación de afirmación diferenciada.

Pensando en hoy:  ¿bastan los rostros de Orrego, Navarrete, Walker, Díaz, Rossi, por nombrar a algunos, para garantizar un proceso de renovación de las “maneras de hacer” de  la Concertación? Un rostro facializa una intención, pero no asegura una política de infraestructura, todavía. Aunque Marco  declare sus propósitos en esta hipótesis, los supuestos anfitriones no están dispuestos a enfrentar a los padres totémicos en su nombre. Prefieren la autonomía relativa que les permita manejar una nueva  legitimidad tolerada. Esto hace pensar que la Concertación, estructuralmente, es in-renovable.

Estamos a lunes en la tarde: las leyes “marquistas”, mal que le pese la denominación a Bachelet, no son suficiente garantía de renovación, sino una muestra desesperada de la voracidad electoral freista. Eso deja en claro la desidia del Ejecutivo, al no haber instalado estas iniciativas en su agenda normal. Lo cierto es que la existencia de Marco Enríquez-Ominami no permite  imaginar transacciones como ha sido la tradición concertacionista. El hombre conoce las técnicas del reduccionismo de aparato y no tiene confianza en las lealtades obtenidas bajo amedrentamiento.

Para ser fiel a si mismo y al delirio estructurado que montó y sistematizó, debe radicalizar su posición respecto de Frei y hacerlo responsable de la corrupción programática a la que hizo tan brillantemente mención en Tolerancia Cero de hace algunas semanas.

Forma parte de esa corrupción el recurrir en momentos de desesperación, a la extorsión mediante la ostentación de la victimalidad.

La Concertación ha heredado la frase monumental de “ser la voz de los que no tienen voz”, convirtiendo a las víctimas en una reserva moral, exhibida sólo cuando debe recurrir a ella como un último recurso, que es nuevamente, un modo abyecto de seguir poniendo los muertos sobre la mesa.

Marco Enríquez-Ominami debe recusar con decisión los intentos de endoso de la derrota, con la suficiente elocuencia que impida que la hipótesis de Bachelet funcione. La transformación de la política a la que Marco Enríquez-Ominami apela, tuvo su comienzo en la canalización y sistematización de un malestar colectivo respecto de las prácticas reductoras de la autonomía. Pero es tan solo el comienzo de una propuesta que ha tenido una forma de expresión excepcional, en el formato de una presidencial. Sin embargo, es deseable pensar que Marco Enríquez-Ominami encabeza un movimiento de transformación de la política que exige romper simbólicamente con las cadenas de extorsión sobre las que la Concertación ha llegado al gobierno y se ha mantenido en él.

La derrota de Frei es el síntoma del desgaste que ha experimentado la sustitución policial de las voces de la multitud.

El triunfo de Marco Enríquez-Ominami solo se ratifica en el terreno de la ficción ética, que autoriza el montaje de dispositivos de emancipación de la subjetividad cívica.

January 12, 2010   No Comments

FREI NO ES NI LA SOMBRA DE LO QUE ERA.

La eficiente performance de Carolina Tohá en Tolerancia Cero del domingo 11 de enero redistribuye las tensiones interpretativas que la prensa escrita había exhibido durante la mañana. Toso se está definiendo hora a hora, en estos días. Su principal tarea era remontar el efecto demoledor de las palabras impresas mediante la representación histérica de las discusiones escolares de recreo donde el objetivo es desestabilizar al adversario tocándole la oreja.
La portada esgrimida por la sección Reportajes de La Tercera en su edición dominguera, propinó el golpe mediático más duro a la vanidad de una candidatura. Junto a la reproducción de la sombra perfilada y del gesto manual que caracterizó la proxémica de Frei, la frase de bajada corresponde al texto de una lápida: “Chile no es el mismo de los 90 y yo tampoco”.
La portada es todo. Lo que está diciendo La Tercera es que Frei no es ni la sombra de lo que era en el 90. La afirmación se agrava en la medida que el gesto manual solo sirve para medir la consistencia de un perfil apenas acarreado. La silueta de Frei es el síntoma regresivo de aquello que no logra establecer una imagen de si.
Así como Escalona hacía referencia inconciente a los zapatos de van Gogh, al sostener que los partidos eran los pies del comando, aquí, la silueta del candidato reproduce otra historia de pacotilla de la imagen, al establecer la distancia entre el deseo programático y la representación de sus (d)efectos.
Al interior del suplemento, en las páginas 4 y 5, la entrevista no hace más que ilustrar narrativamente el contorno de un discurso destinado a reproducir su propio cierre. Y si se compara el cuerpo de escritura de esta entrevista con el análisis político de las páginas 6 y 7, entonces, Frei nuevamente queda como un replicador de si mismo, ante los efectos aceleradores de campo que supone el nombre de Marco Enríquez-Ominami, en el espacio de manejo informativo. No es Frei el que domina el debate. Por el contrario, La Moneda sustituye al Comando en la ofensiva real, modificando su agenda legislativa, con el solo propósito de lograr limpiar las supuestas responsabilidades de Bachelet en una eventual derrota de Frei. Ha llegado la triste hora de lavarse las manos. Eso se prepara con ahínco. Y para ello, qué mejor que pasar a una ofensiva que ofrece un elemento distractor de gran envergadura, que consiste en la proclamación de Bachelet como candidata al 2014. Esa campaña ya ha comenzado. Aquí no se debe perder el tiempo.
Para lavarse de la responsabilidad que significa no haber podido trasladar su porcentaje de aprobación hacia el candidato oficial, la hipótesis consiste en que Bachelet está dispuesta a que Marco pague un alto precio por no apoyar a Frei. Eso pasaba por amedrentar al padre. Así las cosas, quedaba libre la vía de criminalizar la negativa eventual de Marco, para obtener un propósito subordinado, que es el alejar de la Presidenta toda responsabilidad en la derrota de Frei. La Moneda ha resuelto reproducir la frase de Rodrigo Salinas en El Club de la Comedia: “Perdón, perdón, no fue mi intención, …”.
Para la Concertación, la historia ya no se repite como farsa, como parodia, sino como sketch.
La jugada de La Moneda exhibió su exceso de verosimilitud en el momento mismo en que fue enunciada. Primera fase: las tres iniciativas legislativas fueron presentadas para ser percibidas como un gesto desde La Moneda hacia el marquismo. Segunda fase: La Moneda presenta las iniciativas poniendo el énfasis en que el origen de éstas pertenece al Ejecutivo.
Está claro. Las segunda fase anula el propósito de la primera. Por lo tanto, la operación pierde toda eficacia. Estaba prevista la exhibición de esta pérdida. La potestad presidencial no puede quedar a merced de los cálculos del Comando en los últimos días de la campaña. Entonces, Bachelet ha estado errática. Las iniciativas invalidadas como garantía implícita hacia el marquismo, ponen el acento en la desconfianza hacia un alguien que a su juicio puso en peligro la ley del silencio, al tomarse en serio un deseo que involucra algo más que la renovación de la Concertación, porque en términos estructurales, ésta es in-renovable.
Finalmente, el supuesto con que parece haber trabajado La Moneda fue simplemente la exposición perversa de la solución de compromiso entre Pérez-Yoma y Viera-Gallo. El rimero borrando con el codo lo que el segundo había intentado escribir con la mano.

January 11, 2010   No Comments

EN POLITICA, TODOS LOS PADRES MATAN A SUS HIJOS.

Solo me remito a seguir de cerca el uso de ciertas  palabras pronunciadas durante la campaña. Estas son relevadas durante una lectura atenta a las disimilitudes y disimetrías de las que son deudoras. En este terreno, el trabajo consiste en aislar, discriminar las proveniencias, pero no sucumbir a la seducción del análisis etimológico, sino tan solo permanecer en esa línea de flotabilidad  que hace que un lapsus o un exceso de palabra encubran las ficciones que corren bajo las versiones paternas.

Lo lamento. Tendré que hablar del padre de Marco Enríquez-Ominami como su principal opositor político.  En mi favor puedo sostener que mi lectura no tiene que ver con las personas sino con las estructuras. Pero todos sabemos que las relaciones entre estructura y acontecimiento son de tal manera generativas, que el acontecimiento puede pasar a concentrar los elementos expresivos de una estructura. Sobre todo a nivel de las acciones que se convierten en verdaderas anécdotas significantes.

Ese fue  el caso de Carlos Ominami cuando se retiró del PS para  favorecer las opciones políticas de su hijo. Sin embargo, no le hizo favor alguno, sobre todo, cuando dejó filtrar palabras que hacen trabajar la amenaza del parque jurásico. El error fue dejar el PS para ser leal a la familia. La mayor lealtad política hubiese sido permanecer en la vereda de enfrente, con el respeto debido. No debíó familiarizar el apoyo. Banalizó la heroicidad del gesto inscriptivo del hijo, cuya política era rechazar los efectos familiares en la construcción de las alianzas. La Concertación se había convertido en el negocio de unas cuantas familias, algunas de ellas recientemente ascendidas y otras antiguas en franca  zona de recomposición.

Curiosa reacción de un senador que arriesgó pederlo todo por intentar no quedar fuera del sistema de la Concertación. Lo que significa que su permanencia en el proyecto de Marco Enríquez-Ominami siempre fue un factor de contaminación concertacionista, dispuesta a combatir el rencor creciente de la troika postmirista.

Carlos Ominami debió quedarse en el PS.  De ese modo no habría tenido que exponerse a presentar su política saturnal fallida, manteniendo los rasgos del vigilante nocturno que debe pagar el costo de no haber expuesto con lucidez el objeto de sus ambiciones.

Si hay algo que Marcos Enriquez-Ominami introdujo en el debate fue la idea de una fisura proyectiva en el edificio político de la Concertación, mientras el padre solo atinó a entender el acuerdo en torno a reformas y  redimensionamientos de los énfasis en la pragmática de un gobierno cuya cúpula le había sido esquiva.

Marco Enríquez-Ominami, en cambio,  apuntaba a poner en crisis los fundamentos mismos de la cuenca semántica concertacionista. Y lo ha logrado, a nivel de lengua política; a nivel del agenciamiento retórico del malestar; a nivel de la fascinación del señalamiento de la impostura; a nivel de la obstrucción del mecanismo de compensación delegada de las subjetividades; por mencionar algunos de los procedimientos puestos en forma.

He repetido la palabra nivel para insistir en la acumulación de estratos que se comprimen en un período corto de enunciación, que corresponde al tiempo de una campaña. Pero el desafío de Marco Enríquez-Ominami es de otro carácter: debe abandonar la compresión de los estratos para iniciar la dinámica de la larga marcha. No todo el mundo está dispuesto a seguirlo en esta performance, que tiene todo lo que se requiere para convertir el “arte del caminar” en “arte de conversar” y en “arte de construcción del acontecimiento político”, operando en otro tipo de registro, que no reproduzca la represión leninista del discurso ni acumule las trabas autoritarias de los pequeños articuladores de fascismo ordinario.

El padre, en cambio,  traduce la mejor habilidad concertacionista al graduar la permanencia al lado de su hijo, porque no desea portar sobre sus espaldas la condena de haber permitido el arribo de la derecha a La Moneda. Las palabras con que Isabel Allende -la escritora- interpela a Karen en un acto público, tuvieron efecto directo en el circulo inmediato de quienes sostuvieron a Marco Enríquez-Ominami solo para hacerle pasar un susto a la Concertación.

!De tu marido depende que no llegue la derecha! Semejante agresión mediática  simplifica en extremo las cosas, pero en época de campañas se requiere de imágenes simples para compensar los sentimientos de derrota a causa de errores que jamás serán admitidos.

Carlos Ominami supo que ya no podía seguir estirando la cuerda. Debía responder al asedio de sus compañeros de generación concertacionista  si bien, siendo un ex Mir, jamás fue respetado “como se debe” por los barones del mapucismo incrustado en el PS. De lo contrario, quedaría solo compartiendo la larga marcha que debe iniciar Marcos Enríquez-Ominami para forjar los términos de un mito propio.

Recién ahora, quienes pensaron que apoyar a Marco Enríquez-Ominami era suficiente para hacer pasar un susto a las cúpulas de la Concertación, tienen serias dudas sobre la necesidad de una ruptura simbólica radical, no ya con la cultura de la izquierda, sino con la cultura política a  secas.

Hablo de larga marcha para señalar una metáfora que designa una compleja travesía que compromete nuevas formas de producción micropolítica, que exige montar dispositivos de escucha, de observación, de registro de las pulsaciones de corporalidades maltratadas en todo nivel, para convertirlas en experiencias de montaje de una palabra local de producción de ciudadanía.

Nada de esto tiene que ver, solo, con la política de fronda. El senador, pragmático, sabe que debe responder en última instancia a las determinaciones de los clanes partidarios que garantizan su propia existencia. Por la prensa se supo que lo habían llamado Gazmuri e Insulza. Dos potencias desplazadas por el efecto de su propio desmantelamiento. Ominami responde a la lealtad con su propio desgaste histórico y abandona al hijo en el momento inicial de un momento incierto. Parece un chiste analítico: pater incertus, mater semper certissima.

¿Era necesario? Hubiera sido una gran muestra de pulcritud cívica que padre e hijo hubiesen estado en distintos frentes electorales, desde un comienzo. Todo se confundió con el gesto inicial del senador, porque  familiarizó  un apoyo destinado a dejar al hijo en el espacio de mayor aislamiento posible, cuando ya pasan los días y no se demuestra que a estas alturas una decisión de Marco Enríquez-Ominanmi a favor de Frei tiene cada vez menos valor. Porque lo que espera el Comando Frei ya no es obtener el apoyo de Marco, sino dejarlo cada vez más solo, de modo que sus deseos de configurar un referente reciban cada vez la señal del fracaso.

January 9, 2010   No Comments

LOS ARTISTAS VISUALES BUSCAN FIRMAS, PERO NO DAN LA CARA.

En los encuentros de cultura que realiza el Comando Frei, los teatristas y literatos son los que se prestan a todo. En cambio, la presencia de los artistas visuales es nula. Nada nuevo. Siempre son los “rostros” los que ocupan el delante de la escena. ¡Para eso están! La no aparición de artistas visuales ni de agentes vinculados a centros de artes visuales tendría que ver con su ubicación determinante, pero detrás de la escena, dirigiendo las cosas desde las bambalinas, para no quemarse. Hay varios autoproclamados candidatos a ministro que no desean dar la cara, para que sean otros los que se fundan en las luchas preliminares, como ocurrió en la campaña pasada.

Hay algunos cándidos que sostienen que los artistas visuales no se dejan ver porque constituyen la reserva ética del programa de cultura. Bueno, al respecto hay que decir que la corrupción programática del funcionariato y de los asesores parásitos en el campo cultural es directamente proporcional al ejercicio de este tipo de  candidez.

¡Pero no nos engañemos! Es que no hay cara que poner. Ya no tienen cara, ocupados como están por las matrículas. Incluso, la desconfianza que tienen los propios artistas del Comando Frei los hace rehuir cualquier compromiso que implique visibilidad y fervor electoral. ¡No, no, no! A los artistas visuales les encanta hacer listas. Por ejemplo, cuando se acerca la fecha del premio nacional, hacen  correr listas, como si fuera una postulación parlamentaria. Las listas no son eficaces para el trabajo del jurado, sino para el amedrentamiento de la escena. En este caso, ocurre una situación similar. La confección de listas tiene que ver con un desempeño conspirativo, que se fortalece como conteo simbólico de las deudas.

El esquema policial para la campaña de firmas de una carta abierta apunta a identificar por exclusión el campo de quienes se atrevieron a no firmar. De este modo, la operación los convierte en delatores de un crimen cimentado a la medida de su necesidad de demostrar que han hecho la tarea. Resulta impresionante reconocer que los artistas visuales están siempre dando examen ante los dispositivos de garantización política. ¿Algún artista totémico ha levantado la voz para preguntar, siquiera, por las condiciones de conversión de la memoria en una extensión de bienes nacionales?

No pueden. Es como si los dejaran fuera de la historia. El triunfo de Frei les asegura el manejo de la caja chica en la inversión en Cultura. El teatro, el libro, el cine, se llevan el grueso de la torta porque son “industria”. Los artistas visuales se conforman con poquito, a condición de asegurar el manejo de recursos en la ficción de lo propio, para tan solo sobrevivir en el medio gracias a unos huertitos.

Al menos, los teatristas operan como esos perros callejeros que recogen las buenas almas del barrio ministerial. ¡Son tan agradecidos! Lo cual demuestra que  el teatro chileno tiene casa. En cambio, las artes visuales exponen en permanencia su crisis de vivienda.

Lo que pasa es que al “escuelizar” su existencia, los artistas entablan relaciones contractuales extremadamente precarias, que los fragiliza al extremo de ocupar el estatuto del allegado institucional, viviendo de honorarios disfrazados de salario mediante contratos de plazo definido, de semestre en semestre; o sea, de medio marzo a noviembre y medio.

En un escrito anterior he planteado que existe una relación simbólica determinante entre escuela y concursabilidad, que fortalece la ilusión de manejo de la escena. La pérdida del manejo complejo sobre el acceso a fondos va a poner en fatal evidencia  la crisis de la enseñanza a nivel de las licenciaturas y de las maestrías. Todo el prestigio de los profesores ya no se juega en cuan fuerte resulta ser su inscripción artística en el espacio artístico concreto (mercado y circuito de instituciones eminentes sin propósito de lucro), sino en cuántos fondos han podido ganar y sobre cuántos jurados pueden ejercer su influencia. A ello se le agregará la crisis de los espacios llamados “independientes” que dependen de fondos estatales y privados. Por esta razón los artistas firman la carta abierta a los candidatos. Frei representa para ellos, no un mal menor, sino la condición misma de la sobrevivencia.

De este modo, resulta impensable que los artistas de la carta abierta puedan sostener alguna autonomía para dar alguna cara. No lo desean, porque las estructuras del arte chileno se han “concertacionalizado”. Vale decir, la firma de la carta no es más que la expresión de un desgaste programático que ha afectado el propio carácter de las obras.

January 9, 2010   No Comments

FACIALIZAR LA DERROTA.

La realidad de las palabras se consolida más rápido que los acontecimientos orgánicos, al punto que los agentes del comando freista viven para enunciar sus proyecciones, como si los resultados dependieran de una profecía autocumplida.

La aceleración  discusiva alcanza tales ribetes que hasta los hechos parecieran haber adquirido un movimiento retardado. La interpretabilidad se ha disparado llegando a sobreponerse en capas que terminan por cubrirlo todo. La gran nube de Chaitén se ha desplomado sobre el paisaje de la Concertación. Sin embargo, ello no les ha impedido seguir practicando una literalidad que no hace más que hundirlos. Han caído en su propia trampa cuando amenazan con la teoría del  “no es lo mismo”.

En efecto, no es lo mismo que el marquismo implemente sus enunciados, a que el comando freista trabaje de sustituto y reduzca los gestos que necesita al formato exprimidor del aparato del Palacio. Ya ni siquiera se trata de satisfacer la lógica de los partidos. Lo cierto es que las iniciativas parlamentarias obligan a plantear un debate que repone a las cúpulas deprimidas en una visibilidad que no se han merecido.

Luego viene la patética aparición teatral en que el candidato exhibe sus nuevas adhesiones. No es lo mismo, nuevamente, ponerse para la foto que asegurar un nuevo modo de hacer las cosas; porque esa puesta en escena reproduce la pose de “más de lo mismo”. Pero lo hacen en un ambiente conversacional de café –en la antesala subterránea de La Moneda-, haciendo un intervalo que no resiste la oficialización de una oficina; justamente, porque los expertos en comunicación definen que el candidato esté siempre en la calle, en medio de “la gente”, en campaña. No hay rigor, siquiera, en el montaje de las adhesiones.

Finalmente, los gestos escenográficos no están destinados a buscar votos en el otro lado de la luna, sino a mantener la confianza de su propio electorado  mediante el terror, sin pensar en que las cúpulas y el método concertacionista de maltrato instituido  es quien los ha conducido a la situación en que se encuentran.

El electorado freista debiera acudir a la justicia y encausar a sus cúpulas por grave abandono de deberes y de principios. Hacen las cosas proclamando  unos conceptos a los que han vaciado todos sus componentes. A tal punto, que cuando pronuncian alguna palabra, es el propio desmantelamiento del sentido de dicha palabra quien les pasa la cuenta, quedando en  total estado de indefensión discursiva.

El síndrome de Curepto y de la Pequeña Gigante definen la desesperación enunciativa del comando freista, en pleno inicio del Festival Santiago a Mil. A nadie le cabe duda que este va a  ser percibido como un gran acto de intervención electoral, pero lo grave no es eso, sino el hecho que el festival confirma la depreciación de la teatralidad de la clase política chilena y
expone por contigüidad su miseria extrema.

En tal caso, Santiago a Mil resulta de una consistencia abismante, porque sanciona una política de representaciones reparatorias que ni la palabra de las cúpulas ni de los voceros del comando freista pueden contener; porque, en el fondo, ellos mismos resultan incontenibles en la visibilidad de su impostura.

En medio de Santiago a Mil, cada una de las apariciones públicas del comando freista queda reducida a un scketch de fin de curso. Un artista amigo mío que anulará su voto me señala que el comando transforma la precariedad de un espectáculo de teatro callejero, en un carnaval cultural.

Hagan lo que hagan, aunque corran de comuna en comuna y tomen el reverso del Museo de Bellas Artes como telón de fondo para unas tomas de noticiario, ya facializan la derrota.

Aunque Frei ganara estas elecciones, están indefectiblemente derrotados, porque jamás habían llegado a exhibir la dimensión de su desconstitución como en estas circunstancias. Si gana Frei, no es por él mismo, sino porque el fantasma de lo que el mismo ha traicionado es más fuerte y acude en su auxilio sin que se lo merezca.

Hace unas semanas, la actriz Catalina Saavedra declaró en Cooperativa que votará por Frei recurriendo al argumento de la memoria de las víctimas de la dictadura. Sin embargo, los ciudadanos no se merecen que la memoria de las víctimas  sirva una vez más para legitimar la corrupción programática implícita en el goce del aparato. Entonces, habrá triunfado la amenaza espectral de perder el acceso al andamiaje interministerial que favorece el tráfico y la apropiación indebida de la confianza civil.

January 8, 2010   No Comments

EL TEMOR DE LOS ARTISTAS VISUALES.

Hubo un momento en que deposité todas mis esperanzas en que ciertas obras plásticas, que ciertos artistas que intervinieron en un determinado período, habían reemplazado el rol que las ciencias sociales y los cientistas habían ejercido en el período anterior a la dictadura; es decir, antes de convertirse en ciencias de la gobernabilidad y  en expertos asesores del régimen de policiamiento de la ciudadanía como ilusión movimientista.

Admito que fue una estupidez de mi parte el haber depositado alguna esperanza, cuando venía de experimentar una decepción de proporciones respecto de la respetabilidad presupuestaria de los cientistas sociales. Abrigué la hipótesis según la cual, la nueva conciencia crítica de la sociedad chilena había dibujado su diagrama sobre la superficie de unas prácticas que, entre otras cosas, se hacían irreductibles al imperativo ilustrativo de las direcciones partidarias, entendidas como residuo arcaico operante en la garantización orgánica dependiente del onegismo.

Luego vino el comienzo efectivo de la transición interminable y los artistas de “la vanguardia” fueron postergados por los neoexpresionistas surrealistizantes convertidos en artistas oficiales de la primera fase; o sea, las procuradurías simbólicas de Aylwin y Frei. La tercera administración (Lagos) de la impostura transicional vendría a reparar la injusticia de la primera fase. Desde entonces, la oficialidad se trasladó hacia el contingente de conceptuales afincados en el rencor universitario.

El conceptualismo terminal de los veteranos y el neoconceptualismo vigilado de los nuevos peones del tablero, construyeron el oficialismo artístico de la última década. Para alcanzar semejante performance tuvo que recurrir a dos plataformas (muy) consistentes: la enseñanza superior de arte y la fondarización. Es decir, invirtió sus haberes en el mercado desregulado de las escuelas y en el mercado regulado por una concursabilidad sometida al tráfico de influencias. Este doble régimen de trato, al final, terminó siendo uno solo, conducido por la producción de desmantelamiento subjetivo de los estudiantes y egresados.

Los conceptuales veteranos y los conceptuales neo-veteranos firman cartas abiertas a los candidatos pidiéndoles llegar a un acuerdo para impedir el triunfo de la derecha. En verdad, la amenaza está singularizada en la posibilidad efectiva que las escuelas dejen de ejercer el tráfico en un aparato gubernamental que programaba su legitimidad en la promoción del mismo.

El peligro real reside en la modificación de las condiciones de manejo de la concursabilidad a causa del arribo a cargos decisivos, de personal que no pertenece a los mismos círculos decisionales y que no se amedrenta ante la especulación de los artistas totémicos. Esta situación dejará sin espacio de explotación gubernamental a las escuelas que hasta hoy han ejercido un agobiante dominio de zona. Lo más probable es que este régimen de manejo experimente transformaciones que repercutan en la movilidad del mercado de enseñanza superior de arte. La casi veintena de escuelas existentes no representan indicios de expansión alguna y ante la posibilidad de un cuadro social restrictivo, los padres y las madres de Chile puede que no estén dispuestos a financiar espacios de prolongación  de la adolescencia.

El “escuelismo” y la “fondarización” se verán severamente afectados por el cambio de gobierno, en la hipótesis de la derrota de Frei. Una de las situaciones que se podrían plantear es una baja sustantiva de matriculación en las escuelas, que por su parte ya atraviesan por una crisis de triple consideración, en el terreno de la credibilidad pedagógica, de la probidad académica académica y de la proyección inscriptiva.

Ahora bien: el triunfo de Frei significará continuidad, autocomplacencia, euforia autoreferida, y sobre todo, un sentimiento de que se estuvo en el límite y que habrá que resarcirse acrecentando la corrupción diagramática de
la escena plástica.

January 2, 2010   No Comments

LA CONCERTACIÓN COMO CORRUPCIÓN PROGRAMÁTICA.

En el programa Tolerancia Cero (CHV) del domingo 20 de diciembre, Marco Enríquez-Ominami pronunció dos palabras que ni El Mercurio ni La Nación del lunes 21 calificaron de impronunciables; vale decir, de in/imprimibles.

Las dos fortalezas de papel negaron el enunciado a tal punto que se  debiera pensar que este no tuvo lugar. Y sin embargo Marco Enríquez-Ominami fue muy claro cuando dijo que Frei representaba la corrupción programática de la Concertación.

Ningún candidato ha ido tan lejos en la caracterización del modelo de gobernabilidad imperante. El Mercurio del lunes puso el énfasis en la cobertura de la satanización del apoyo del PC a Frei, mientras  La Nación recalcaba el valor del discurso respetuoso de Enríquez-Ominami hacia las bases de Frei. Los objetivos de ambos complejos editoriales no hacen más que exponer sin transición ni mediación alguna sus expresiones de deseo. El primero, demostrando la existencia de un pacto contra-natura, destinado a demostrar que la voracidad del hijo traiciona los principios anti-comunistas del padre, a quien se le recuerda como un legítimo promotor del “pronunciamiento” militar. El segundo, esbozando la secreta esperanza de que las bases ejerzan presión sobre la conducción del Comando.

El enunciado sobre la corrupción programática fue borrado por el deseo de desatención sobre un modelo estructural de comportamiento, que involucra los temores de la Alianza a ser reconocida como la continuidad conservadora de un modelo de dominio que se ha instalado en la política chilena.

El programa remite a “algo más” que un plan de gobierno. Este tipo de distinciones resulta totalmente jocoso, al recordar las viejas y no menos sorprendentes ocurrencias de los agentes de glosa  de Enrique Correa durante la UP, para segmentar los tiempos de la producción política en Fase, Etapa y Período, para luego aplicarlos a la diversificación de las Tres Tareas: de Liberación Nacional, de Profundización de la Democracia y de Construcción del Socialismo. (Aplausos. Risas prolongadas). ¡Por eso es que he hablado de éste sujeto y articulador de la corrupción programática, como un maestro-de-lengua. Lo cual no viene a ser más que un chiste de arrastre. Pasemos.

El programa, entonces, corresponde al orden de la estrategia y recoge los trazos inscriptivos de la gobernabilidad, en su versión flacsiana de los orígenes; es decir, de los grandes financiamientos (ADN). El plan remite en cambio a complejos tácticos distribuídos en los patios traseros de la democracia y comprometen la pragmática de secuestro cotidiano de las iniciativas ciudadanas de autonomía del movimiento social.

El espacio en que esta pragmática se ha hecho evidente ha sido el de la “mesa de trabajo” como lugar decisivo de desactivación de la voz ciudadana, mediante formas eficaces de desvío y desnaturalización de la palabra. Mediante este procedimiento, el funcionariato ha logrado montar un mecanismo de usura y tetanización de la escucha con resultados de una eficacia sin precedentes. El goce del funcionariato se verifica en la producción de una instancia de cinismo de primer grado, en que reúnen a interlocutores en torno a una mesa en el momento que avanzan con decretos y acciones  que operan sobre flujos consumados.

Quizás la mayor expresión de este procedimiento fue la comisión de educación que aniquiló las demandas de los “pingüinos”. Otra manifestación flagrante fue la negativa de las cúpulas partidarias para realizar primarias abiertas. Este fue el momento  de quiebre en los procedimientos de manejo, porque demostró que las propias cúpulas asumían las fallas reconocidas del funcionariato en la gestión de gobernabilidad, con lo cual no hicieron sino exhibir el punto máximo de fragilidad del dispositivo de control de las intensidades administrativas.

El objetivo había sido desplazado desde la desactivación de la energía ciudadana hacia la nominación de un candidato mediante la teatralidad de la restricción representativa. ¡Les dañó el seso la Pequeña-Gigante! LA corrupción de los dispositivos de legitimación se instaló como una verdad efectual cuyas consecuencias el comando freista no puede ya controlar, porque la forma inicial de nominación del propio candidato hace imposible hoy día sostener credibilidad alguna a sus demandas de acogida.

Frei representa la corrupción programática de la Concertación y lo hace a fuerza de encarnar la ilegitimidad del procedimiento que lo instaló como candidato. A estas alturas, nadie puede proclamarse hospitalario.

December 27, 2009   No Comments

CARTA ABIERTA.

Ha comenzado a correr una carta abierta dirigida a los candidatos del denominado progresismo. La firman algunos artistas y agentes culturales que manifiestan su preocupación ante el regreso de la derecha. La verdad es que la derecha no regresa a ninguna parte, porque ha estado siempre en el gobierno. Dos botones de muestra: uno, Lagos ha sido el mejor presidente de los empresarios; dos, la criminalización del movimiento mapuche mediante la aplicación de leyes antiterroristas heredadas de la dictadura.
Cuando los artistas y los intelectuales redactan cartas son de temer, por la cantidad de lugares comunes que exhiben en su argumentación. De seguro, ante estas horas dramáticas de la patria, las conciencias lúcidas conminan a los políticos a cumplir con sus tareas históricas. En épocas normales, no lo han logrado. Es probable que la característica de los enunciados de los artistas e intelectuales sea que se manifiestan solo en momentos de crisis. Esta sería una de ellas: al artista e intelectual faro cumple con su misión. Eso está muy bien. Pero me recuerda esas listas que algunos agentes comienzan a correr para los premios nacionales de algo. Es como si pensaran que el premio se otorga por plebiscito. Lo que hacen es poner a correr una lista, no tanto para apoyar a un nombre determinado, sino para pasar lista; es decir, para activar un operativo policíaco destinado a reunir a los que están conmigo e identificar a los que están contra mí. Lo cual, reproduce la soberana amenaza del comando freísta al polarizar esa segunda fase de la campaña.
Más aún, esta carta abierta comienza a circular en el momento que en la televisión por cable se retransmite la serie Los invasores. Esta coincidencia es muy decidora acerca del tipo de recurso junguiano que sostiene la carta. Podría haber sido más benjaminiano, en verdad. Pero el tono de guerra fría satisface un espíritu de fronda que reproduce el tipo de amenazas simbólicas de quienes temen perder pan y pedazo.
No hay acuerdo posible entre los candidatos del denominado progresismo. Un conveniente pacto parlamentario no pone fin a la exclusión política, sino que abre dentro de las posibilidades que proporciona el propio sistema de exclusión, una inclusión pactada de candidatos comunistas. Bien por ellos. Pero esto no termina con la exclusión.
Tampoco habría que poner en un mismo terreno la desafección partidaria representada parcialmente por Marco Enríquez-Ominami, con los propósitos de la candidatura de Arrate, porque son más las cosas que los separa que aquello que los une. De partida, la lectura de los socialismos reales y de las dificultades que ha habido en nuestro país para profundizar la democracia.
La carta alude a la dispersión de las fuerzas, como si fuese una misma entelequia la que las sustentara. Más que nada, esta elección demuestra que existen fuerzas diversas y no reductibles a los mandatos sectoriales de los partidos. Pero los artistas deben cuidarse de no ser correa transportadora de las proyecciones de grupos de presión que apelan a sus recursos en momentos como éste. Sin embargo, ni los comandos ni las cúpulas partidarias pueden proporcionar garantía alguna a los artistas, hoy, de que habrá transformaciones en sus prácticas.
Los actores y artistas que ofrecen su visibilidad en este proceso, ni siquiera ofrecen garantías a sus propios colegas. ¿De qué me están hablando, entonces? El frente que se proponen salvar es un conglomerado en el que siguen predominando quienes han ejercido el gobierno durante casi veinte años, manejando a su antojo la memoria de las víctimas de la dictadura, especulando en su nombre, y que hicieron su aprendizaje político en el encubrimiento y desmantelamiento de las iniciativas ciudadanas.
El propio progreso social ha sido puesto en peligro por el autoritarismo excluyente de la Concertación, de su cúpula partidaria, de sus funcionarios altos, medianos y pequeños, poniendo en función formas blandas de desnaturalización de la autonomía de los movimientos sociales. De lo único que saben en el funcionariato es de control de poblaciones declaradas vulnerables.
La carta abierta llama a los candidatos a formar un nuevo pacto que permita encauzar la renovación de la política chilena. Pero si esa fue la promesa incumplida en virtud de la que nos han extorsionado durante estos casi veinte años, esgrimiendo de manera explícita e implícita, según la coyuntura, la amenaza del caos, reponiendo los efectos simbólicos de la serie de Los invasores, como si fueran una especie de tanques rusos invertidos, jugando con datos históricos traspuestos.
Más que nada, una carta abierta de artistas e intelectuales, junto con su dudosa candidez, lo que señala es la existencia de un llamado amenazante a la subordinación, bajo la cobertura de un llamamiento a la dirigencia política, pero sobre todo, autoriza la visibilidad de las listas para las futuras exclusiones, como si los tiempos fueran propios a la vigencia de los Frentes de Artistas e Intelectuales contra el Nipo-Nazi-Fascismo. Es muy probable que los redactores de la carta hayan estado leyendo los viejos panfletos de David Alfaro Siqueiros: Ante la Guerra, Arte de Guerra.
Una sugerencia, en esta línea, sería aquella en que los artistas e intelectuales de la carta abierta se reunieran el 10 de enero, en la inauguración del Museo de la Memoria, con el candidato Frei, en un acto de llamamiento a las fuerzas progresistas, especulando una vez más sobre la memoria de las víctimas, como tan bien lo ha sabido hacer hasta ahora.

December 22, 2009   No Comments