EN POLITICA, TODOS LOS PADRES MATAN A SUS HIJOS.
Solo me remito a seguir de cerca el uso de ciertas palabras pronunciadas durante la campaña. Estas son relevadas durante una lectura atenta a las disimilitudes y disimetrías de las que son deudoras. En este terreno, el trabajo consiste en aislar, discriminar las proveniencias, pero no sucumbir a la seducción del análisis etimológico, sino tan solo permanecer en esa línea de flotabilidad que hace que un lapsus o un exceso de palabra encubran las ficciones que corren bajo las versiones paternas.
Lo lamento. Tendré que hablar del padre de Marco Enríquez-Ominami como su principal opositor político. En mi favor puedo sostener que mi lectura no tiene que ver con las personas sino con las estructuras. Pero todos sabemos que las relaciones entre estructura y acontecimiento son de tal manera generativas, que el acontecimiento puede pasar a concentrar los elementos expresivos de una estructura. Sobre todo a nivel de las acciones que se convierten en verdaderas anécdotas significantes.
Ese fue el caso de Carlos Ominami cuando se retiró del PS para favorecer las opciones políticas de su hijo. Sin embargo, no le hizo favor alguno, sobre todo, cuando dejó filtrar palabras que hacen trabajar la amenaza del parque jurásico. El error fue dejar el PS para ser leal a la familia. La mayor lealtad política hubiese sido permanecer en la vereda de enfrente, con el respeto debido. No debíó familiarizar el apoyo. Banalizó la heroicidad del gesto inscriptivo del hijo, cuya política era rechazar los efectos familiares en la construcción de las alianzas. La Concertación se había convertido en el negocio de unas cuantas familias, algunas de ellas recientemente ascendidas y otras antiguas en franca zona de recomposición.
Curiosa reacción de un senador que arriesgó pederlo todo por intentar no quedar fuera del sistema de la Concertación. Lo que significa que su permanencia en el proyecto de Marco Enríquez-Ominami siempre fue un factor de contaminación concertacionista, dispuesta a combatir el rencor creciente de la troika postmirista.
Carlos Ominami debió quedarse en el PS. De ese modo no habría tenido que exponerse a presentar su política saturnal fallida, manteniendo los rasgos del vigilante nocturno que debe pagar el costo de no haber expuesto con lucidez el objeto de sus ambiciones.
Si hay algo que Marcos Enriquez-Ominami introdujo en el debate fue la idea de una fisura proyectiva en el edificio político de la Concertación, mientras el padre solo atinó a entender el acuerdo en torno a reformas y redimensionamientos de los énfasis en la pragmática de un gobierno cuya cúpula le había sido esquiva.
Marco Enríquez-Ominami, en cambio, apuntaba a poner en crisis los fundamentos mismos de la cuenca semántica concertacionista. Y lo ha logrado, a nivel de lengua política; a nivel del agenciamiento retórico del malestar; a nivel de la fascinación del señalamiento de la impostura; a nivel de la obstrucción del mecanismo de compensación delegada de las subjetividades; por mencionar algunos de los procedimientos puestos en forma.
He repetido la palabra nivel para insistir en la acumulación de estratos que se comprimen en un período corto de enunciación, que corresponde al tiempo de una campaña. Pero el desafío de Marco Enríquez-Ominami es de otro carácter: debe abandonar la compresión de los estratos para iniciar la dinámica de la larga marcha. No todo el mundo está dispuesto a seguirlo en esta performance, que tiene todo lo que se requiere para convertir el “arte del caminar” en “arte de conversar” y en “arte de construcción del acontecimiento político”, operando en otro tipo de registro, que no reproduzca la represión leninista del discurso ni acumule las trabas autoritarias de los pequeños articuladores de fascismo ordinario.
El padre, en cambio, traduce la mejor habilidad concertacionista al graduar la permanencia al lado de su hijo, porque no desea portar sobre sus espaldas la condena de haber permitido el arribo de la derecha a La Moneda. Las palabras con que Isabel Allende -la escritora- interpela a Karen en un acto público, tuvieron efecto directo en el circulo inmediato de quienes sostuvieron a Marco Enríquez-Ominami solo para hacerle pasar un susto a la Concertación.
!De tu marido depende que no llegue la derecha! Semejante agresión mediática simplifica en extremo las cosas, pero en época de campañas se requiere de imágenes simples para compensar los sentimientos de derrota a causa de errores que jamás serán admitidos.
Carlos Ominami supo que ya no podía seguir estirando la cuerda. Debía responder al asedio de sus compañeros de generación concertacionista si bien, siendo un ex Mir, jamás fue respetado “como se debe” por los barones del mapucismo incrustado en el PS. De lo contrario, quedaría solo compartiendo la larga marcha que debe iniciar Marcos Enríquez-Ominami para forjar los términos de un mito propio.
Recién ahora, quienes pensaron que apoyar a Marco Enríquez-Ominami era suficiente para hacer pasar un susto a las cúpulas de la Concertación, tienen serias dudas sobre la necesidad de una ruptura simbólica radical, no ya con la cultura de la izquierda, sino con la cultura política a secas.
Hablo de larga marcha para señalar una metáfora que designa una compleja travesía que compromete nuevas formas de producción micropolítica, que exige montar dispositivos de escucha, de observación, de registro de las pulsaciones de corporalidades maltratadas en todo nivel, para convertirlas en experiencias de montaje de una palabra local de producción de ciudadanía.
Nada de esto tiene que ver, solo, con la política de fronda. El senador, pragmático, sabe que debe responder en última instancia a las determinaciones de los clanes partidarios que garantizan su propia existencia. Por la prensa se supo que lo habían llamado Gazmuri e Insulza. Dos potencias desplazadas por el efecto de su propio desmantelamiento. Ominami responde a la lealtad con su propio desgaste histórico y abandona al hijo en el momento inicial de un momento incierto. Parece un chiste analítico: pater incertus, mater semper certissima.
¿Era necesario? Hubiera sido una gran muestra de pulcritud cívica que padre e hijo hubiesen estado en distintos frentes electorales, desde un comienzo. Todo se confundió con el gesto inicial del senador, porque familiarizó un apoyo destinado a dejar al hijo en el espacio de mayor aislamiento posible, cuando ya pasan los días y no se demuestra que a estas alturas una decisión de Marco Enríquez-Ominanmi a favor de Frei tiene cada vez menos valor. Porque lo que espera el Comando Frei ya no es obtener el apoyo de Marco, sino dejarlo cada vez más solo, de modo que sus deseos de configurar un referente reciban cada vez la señal del fracaso.
January 9, 2010 No Comments
LOS ARTISTAS VISUALES BUSCAN FIRMAS, PERO NO DAN LA CARA.
En los encuentros de cultura que realiza el Comando Frei, los teatristas y literatos son los que se prestan a todo. En cambio, la presencia de los artistas visuales es nula. Nada nuevo. Siempre son los “rostros” los que ocupan el delante de la escena. ¡Para eso están! La no aparición de artistas visuales ni de agentes vinculados a centros de artes visuales tendría que ver con su ubicación determinante, pero detrás de la escena, dirigiendo las cosas desde las bambalinas, para no quemarse. Hay varios autoproclamados candidatos a ministro que no desean dar la cara, para que sean otros los que se fundan en las luchas preliminares, como ocurrió en la campaña pasada.
Hay algunos cándidos que sostienen que los artistas visuales no se dejan ver porque constituyen la reserva ética del programa de cultura. Bueno, al respecto hay que decir que la corrupción programática del funcionariato y de los asesores parásitos en el campo cultural es directamente proporcional al ejercicio de este tipo de candidez.
¡Pero no nos engañemos! Es que no hay cara que poner. Ya no tienen cara, ocupados como están por las matrículas. Incluso, la desconfianza que tienen los propios artistas del Comando Frei los hace rehuir cualquier compromiso que implique visibilidad y fervor electoral. ¡No, no, no! A los artistas visuales les encanta hacer listas. Por ejemplo, cuando se acerca la fecha del premio nacional, hacen correr listas, como si fuera una postulación parlamentaria. Las listas no son eficaces para el trabajo del jurado, sino para el amedrentamiento de la escena. En este caso, ocurre una situación similar. La confección de listas tiene que ver con un desempeño conspirativo, que se fortalece como conteo simbólico de las deudas.
El esquema policial para la campaña de firmas de una carta abierta apunta a identificar por exclusión el campo de quienes se atrevieron a no firmar. De este modo, la operación los convierte en delatores de un crimen cimentado a la medida de su necesidad de demostrar que han hecho la tarea. Resulta impresionante reconocer que los artistas visuales están siempre dando examen ante los dispositivos de garantización política. ¿Algún artista totémico ha levantado la voz para preguntar, siquiera, por las condiciones de conversión de la memoria en una extensión de bienes nacionales?
No pueden. Es como si los dejaran fuera de la historia. El triunfo de Frei les asegura el manejo de la caja chica en la inversión en Cultura. El teatro, el libro, el cine, se llevan el grueso de la torta porque son “industria”. Los artistas visuales se conforman con poquito, a condición de asegurar el manejo de recursos en la ficción de lo propio, para tan solo sobrevivir en el medio gracias a unos huertitos.
Al menos, los teatristas operan como esos perros callejeros que recogen las buenas almas del barrio ministerial. ¡Son tan agradecidos! Lo cual demuestra que el teatro chileno tiene casa. En cambio, las artes visuales exponen en permanencia su crisis de vivienda.
Lo que pasa es que al “escuelizar” su existencia, los artistas entablan relaciones contractuales extremadamente precarias, que los fragiliza al extremo de ocupar el estatuto del allegado institucional, viviendo de honorarios disfrazados de salario mediante contratos de plazo definido, de semestre en semestre; o sea, de medio marzo a noviembre y medio.
En un escrito anterior he planteado que existe una relación simbólica determinante entre escuela y concursabilidad, que fortalece la ilusión de manejo de la escena. La pérdida del manejo complejo sobre el acceso a fondos va a poner en fatal evidencia la crisis de la enseñanza a nivel de las licenciaturas y de las maestrías. Todo el prestigio de los profesores ya no se juega en cuan fuerte resulta ser su inscripción artística en el espacio artístico concreto (mercado y circuito de instituciones eminentes sin propósito de lucro), sino en cuántos fondos han podido ganar y sobre cuántos jurados pueden ejercer su influencia. A ello se le agregará la crisis de los espacios llamados “independientes” que dependen de fondos estatales y privados. Por esta razón los artistas firman la carta abierta a los candidatos. Frei representa para ellos, no un mal menor, sino la condición misma de la sobrevivencia.
De este modo, resulta impensable que los artistas de la carta abierta puedan sostener alguna autonomía para dar alguna cara. No lo desean, porque las estructuras del arte chileno se han “concertacionalizado”. Vale decir, la firma de la carta no es más que la expresión de un desgaste programático que ha afectado el propio carácter de las obras.
January 9, 2010 No Comments
FACIALIZAR LA DERROTA.
La realidad de las palabras se consolida más rápido que los acontecimientos orgánicos, al punto que los agentes del comando freista viven para enunciar sus proyecciones, como si los resultados dependieran de una profecía autocumplida.
La aceleración discusiva alcanza tales ribetes que hasta los hechos parecieran haber adquirido un movimiento retardado. La interpretabilidad se ha disparado llegando a sobreponerse en capas que terminan por cubrirlo todo. La gran nube de Chaitén se ha desplomado sobre el paisaje de la Concertación. Sin embargo, ello no les ha impedido seguir practicando una literalidad que no hace más que hundirlos. Han caído en su propia trampa cuando amenazan con la teoría del “no es lo mismo”.
En efecto, no es lo mismo que el marquismo implemente sus enunciados, a que el comando freista trabaje de sustituto y reduzca los gestos que necesita al formato exprimidor del aparato del Palacio. Ya ni siquiera se trata de satisfacer la lógica de los partidos. Lo cierto es que las iniciativas parlamentarias obligan a plantear un debate que repone a las cúpulas deprimidas en una visibilidad que no se han merecido.
Luego viene la patética aparición teatral en que el candidato exhibe sus nuevas adhesiones. No es lo mismo, nuevamente, ponerse para la foto que asegurar un nuevo modo de hacer las cosas; porque esa puesta en escena reproduce la pose de “más de lo mismo”. Pero lo hacen en un ambiente conversacional de café –en la antesala subterránea de La Moneda-, haciendo un intervalo que no resiste la oficialización de una oficina; justamente, porque los expertos en comunicación definen que el candidato esté siempre en la calle, en medio de “la gente”, en campaña. No hay rigor, siquiera, en el montaje de las adhesiones.
Finalmente, los gestos escenográficos no están destinados a buscar votos en el otro lado de la luna, sino a mantener la confianza de su propio electorado mediante el terror, sin pensar en que las cúpulas y el método concertacionista de maltrato instituido es quien los ha conducido a la situación en que se encuentran.
El electorado freista debiera acudir a la justicia y encausar a sus cúpulas por grave abandono de deberes y de principios. Hacen las cosas proclamando unos conceptos a los que han vaciado todos sus componentes. A tal punto, que cuando pronuncian alguna palabra, es el propio desmantelamiento del sentido de dicha palabra quien les pasa la cuenta, quedando en total estado de indefensión discursiva.
El síndrome de Curepto y de la Pequeña Gigante definen la desesperación enunciativa del comando freista, en pleno inicio del Festival Santiago a Mil. A nadie le cabe duda que este va a ser percibido como un gran acto de intervención electoral, pero lo grave no es eso, sino el hecho que el festival confirma la depreciación de la teatralidad de la clase política chilena y
expone por contigüidad su miseria extrema.
En tal caso, Santiago a Mil resulta de una consistencia abismante, porque sanciona una política de representaciones reparatorias que ni la palabra de las cúpulas ni de los voceros del comando freista pueden contener; porque, en el fondo, ellos mismos resultan incontenibles en la visibilidad de su impostura.
En medio de Santiago a Mil, cada una de las apariciones públicas del comando freista queda reducida a un scketch de fin de curso. Un artista amigo mío que anulará su voto me señala que el comando transforma la precariedad de un espectáculo de teatro callejero, en un carnaval cultural.
Hagan lo que hagan, aunque corran de comuna en comuna y tomen el reverso del Museo de Bellas Artes como telón de fondo para unas tomas de noticiario, ya facializan la derrota.
Aunque Frei ganara estas elecciones, están indefectiblemente derrotados, porque jamás habían llegado a exhibir la dimensión de su desconstitución como en estas circunstancias. Si gana Frei, no es por él mismo, sino porque el fantasma de lo que el mismo ha traicionado es más fuerte y acude en su auxilio sin que se lo merezca.
Hace unas semanas, la actriz Catalina Saavedra declaró en Cooperativa que votará por Frei recurriendo al argumento de la memoria de las víctimas de la dictadura. Sin embargo, los ciudadanos no se merecen que la memoria de las víctimas sirva una vez más para legitimar la corrupción programática implícita en el goce del aparato. Entonces, habrá triunfado la amenaza espectral de perder el acceso al andamiaje interministerial que favorece el tráfico y la apropiación indebida de la confianza civil.
January 8, 2010 No Comments
EL TEMOR DE LOS ARTISTAS VISUALES.
Hubo un momento en que deposité todas mis esperanzas en que ciertas obras plásticas, que ciertos artistas que intervinieron en un determinado período, habían reemplazado el rol que las ciencias sociales y los cientistas habían ejercido en el período anterior a la dictadura; es decir, antes de convertirse en ciencias de la gobernabilidad y en expertos asesores del régimen de policiamiento de la ciudadanía como ilusión movimientista.
Admito que fue una estupidez de mi parte el haber depositado alguna esperanza, cuando venía de experimentar una decepción de proporciones respecto de la respetabilidad presupuestaria de los cientistas sociales. Abrigué la hipótesis según la cual, la nueva conciencia crítica de la sociedad chilena había dibujado su diagrama sobre la superficie de unas prácticas que, entre otras cosas, se hacían irreductibles al imperativo ilustrativo de las direcciones partidarias, entendidas como residuo arcaico operante en la garantización orgánica dependiente del onegismo.
Luego vino el comienzo efectivo de la transición interminable y los artistas de “la vanguardia” fueron postergados por los neoexpresionistas surrealistizantes convertidos en artistas oficiales de la primera fase; o sea, las procuradurías simbólicas de Aylwin y Frei. La tercera administración (Lagos) de la impostura transicional vendría a reparar la injusticia de la primera fase. Desde entonces, la oficialidad se trasladó hacia el contingente de conceptuales afincados en el rencor universitario.
El conceptualismo terminal de los veteranos y el neoconceptualismo vigilado de los nuevos peones del tablero, construyeron el oficialismo artístico de la última década. Para alcanzar semejante performance tuvo que recurrir a dos plataformas (muy) consistentes: la enseñanza superior de arte y la fondarización. Es decir, invirtió sus haberes en el mercado desregulado de las escuelas y en el mercado regulado por una concursabilidad sometida al tráfico de influencias. Este doble régimen de trato, al final, terminó siendo uno solo, conducido por la producción de desmantelamiento subjetivo de los estudiantes y egresados.
Los conceptuales veteranos y los conceptuales neo-veteranos firman cartas abiertas a los candidatos pidiéndoles llegar a un acuerdo para impedir el triunfo de la derecha. En verdad, la amenaza está singularizada en la posibilidad efectiva que las escuelas dejen de ejercer el tráfico en un aparato gubernamental que programaba su legitimidad en la promoción del mismo.
El peligro real reside en la modificación de las condiciones de manejo de la concursabilidad a causa del arribo a cargos decisivos, de personal que no pertenece a los mismos círculos decisionales y que no se amedrenta ante la especulación de los artistas totémicos. Esta situación dejará sin espacio de explotación gubernamental a las escuelas que hasta hoy han ejercido un agobiante dominio de zona. Lo más probable es que este régimen de manejo experimente transformaciones que repercutan en la movilidad del mercado de enseñanza superior de arte. La casi veintena de escuelas existentes no representan indicios de expansión alguna y ante la posibilidad de un cuadro social restrictivo, los padres y las madres de Chile puede que no estén dispuestos a financiar espacios de prolongación de la adolescencia.
El “escuelismo” y la “fondarización” se verán severamente afectados por el cambio de gobierno, en la hipótesis de la derrota de Frei. Una de las situaciones que se podrían plantear es una baja sustantiva de matriculación en las escuelas, que por su parte ya atraviesan por una crisis de triple consideración, en el terreno de la credibilidad pedagógica, de la probidad académica académica y de la proyección inscriptiva.
Ahora bien: el triunfo de Frei significará continuidad, autocomplacencia, euforia autoreferida, y sobre todo, un sentimiento de que se estuvo en el límite y que habrá que resarcirse acrecentando la corrupción diagramática de
la escena plástica.
January 2, 2010 No Comments
LA DIALÉCTICA COMANDO-PARTIDO.
En el texto anterior hablé de la dialéctica partido-masas. En épocas de campaña es preciso recuperar las viejas palabras, con la secreta esperanza de redorar viejos blasones. Ahora habrá que hablar de la dialéctica comando-partidos, para convencer a los cercanos de que las tareas pueden ser cumplidas. Ricardo Solari, en un programa en horario de “regreso a casa” de radio Futuro, el lunes 28, no es capaz de explicar las causas de la más baja votación de la Concertación. Iván Núñez le pregunta si ha habido alguna autocrítica, frente a lo cual, Solari, un veterano de la mutación lexical del socialismo, solo constata un hecho que a su juicio, explica dicha baja. Con la parsimonia del dirigente que sabe que está ofendiendo nuestra capacidad analítica, argumenta que la causa de todo está en la dispersión de fuerzas, pasando de paso a producir la ficción de que “todos éramos lo mismo”. Solari sabe que eso no es una explicación. Es más; sabe que toda explicación es inconsistente, porque siendo uno de los dirigentes con el espíritu analítico más sutil, conoce perfectamente los límites de la lengua-cara-de-palo que domina su sector.
Lo cierto es que ni Solari puede analizar lo que el comando hace, sin tener que subordinarse a lo que sus voceros dicen. De modo que permanece prisionero de la expresión de los deseos manifiestos de la cúpula del comando, siendo él, un hombre de la cúpula partidaria que constata con horror que la permanencia de Escalona le ha impedido ejercer con eficacia el rol de un agente garantizador del traspaso de votos del marquismo.
El hecho es que Solari solo hizo mención a un dato que no respondió a la pregunta de Iván Núñez. Por el contrario, con la habilidad de los animales de tiro que con los ojos vendados transportan carga bordeando precipicios, se dedicó a repetir sin mayor convencimiento los dichos que la presidenta había enunciado en la mañana, sobre la necesidad de distinguir entre negocios y política.
No es seguro que ese ataque al piñerismo tuviese eficacia frente al electorado marquista, que necesita señales más “potentes”, como suelen decir los comandantes freístas. A menos que apunten hacia la reivindicación de una moralidad superior que, viniendo de la Concertación, no podría ser más que contraproducente, sobre todo después del sobreseimiento de Ajenjo y compañía. Más allá de la presunción de inocencia, lo que queda es un amargo sabor de incredulidad ante la justicia de la Justicia.
Al menos, Solari demostró tener buenos zapatos para caminar en este terreno extremadamente movedizo de la interpretación de los deseos de su propio sector. Por que si hay una cosa a la que hay que poner atención, más que a la captación de votos de otros sectores, es a la fidelización de los propios partidarios, y para eso, Solari derrochó alabanzas para Carolina Tohá, que fuera una excelente vocera y exitosa diputada, que sabe enfocar muy bien los problemas y ajustar las relaciones entre las cuestiones menores y las cuestiones centrales, con propósitos claros y un gran sentido de la perspectiva. Pero eso es casi una arenga para satisfacer a las huestes paralizadas por un gran sentimiento de derrota y que apenas se reponen, a fuerza de una movilización centrada en la victimalidad.
Por su parte, Escalona, incólume, sigue apostando a que los agentes del comando freista carecen de buenos zapatos. Es una manera vedada de decir que perdieron la ruta. Mientras Auth, previsor por exceso, declara estar dispuesto a cambiarse de horma a la primera ocasión en que le ofrezcan otro par. Lo cual no le impide a Escalona amenazar con que sería suicida la pretensión de alejar a las colectividades oficialistas de la campaña.
Aquí, Escalona aceleró la variación lexical para sustituir en la percepción pública dos palabras: colectividad y campaña. Escalona pretende a través de esta proyección evocar la legitimidad de una ficción a dos bandas; una, que afecta los principios; otra, que apunta a cuestiones pragmáticas. Lo colectivo apela a la vertiente arcaica del socialismo; la campaña remite a una gesta heroica que transmite el espíritu de la perseverancia allendista. Si hay algo que se asocia a la fantasmática allendista es la noción de campaña. Porque mejor ni mencionar en este contexto el “espíritu” de la Marcha de la Patria Joven. Probablemente, más allá de las reivindicaciones doctrinarias de Latorre en El Mercurio, esta mención no parece del todo oportuna.
En verdad, lo que Marco Enríquez-Ominami planteó y que a estas alturas no tiene ninguna posibilidad de ser, es que las actuales cúpulas abandonaran las direcciones que condujeron a la derrota y que fuesen reemplazadas por otras que estén en condiciones de ofrezcan algunas garantías que las actuales no están en medida de asegurar.
Y la respuesta es clara: no hay desplazamiento. Todo lo contrario: se quedan y afirman la nece(si)dad de su existencia en el comando, que no logra articular una campaña suficientemente asentada en los partidos.
Todo lo cual no deja de ser confuso y contradictorio, puesto que Frei es quien legitima a los dirigentes del comando en contra de los dirigentes partidarios, a quienes –en el fondo- jamás ha respetado. Lo cual me lleva a pensar que Latorre gana más con Frei derrotado, porque se convierte en figura nacional incontestada, al dirigir eventualmente al mayor partido de la futura oposición.
¿Y quién no asegura que Latorre esté pensando formar con Piñera una plataforma “a la alemana”, que consista en abandonar a sus aliados de hoy, los socialistas, para pactar con la centro derecha, que por su parte, debiera desentenderse de su alianza con la extrema derecha. Pero esta hipótesis es la que Patricio Navia ya formuló hace meses, imaginando un escenario en el que Piñera como presidente tendría que hacer algo de esta naturaleza para construir una base estable de gobernabilidad.
En definitiva, el 17 de enero no es tan solo una fecha más en la historia de las rearticulaciones de bandas. Por eso Escalona está más crispado que nunca. De otro modo no se explica la bronca contra Gómez, en el estrado aquel, en el que Frei fue devorado por la premura de hablar primero.
El diseño por el que tanto ha sacrificado fue puesto en apuro con las pretensiones de Insulza. Por eso, una vez experimentada la caída de éste último, debía correr para comprometer su apoyo a Frei, antes que surgiera otro candidato en el seno de sus propias filas. No tuvo éxito. Se levantó algo peor para él: la candidatura de Marco Enríquez-Ominami. Solo que a éste no lo podía tratar como a Gómez. Algunas bases ofendidas por su lengua-de-palo se habían rebelado sosteniendo apenas la salida de Arrate, que permanecería en la crítica políticamente correcta de la Concertación. Pero el levantamiento del nombre de Marco Enríquez-Ominami iniciaba su arremetida simbólica contra los supuestos en que la propia Concertación se sostenía, poniendo en evidencia la ruptura de la filiación extorsiva con que ésta ha alcanzado los últimos gobiernos.
El discurso actual del comando freista no ha superado la impasse estructural que la salida de Escalona y de Latorre hubiesen contribuído a resolver, sin tener que recurrir a la amenaza y al terror. De todos modos, Latorre está a la espera. El triunfo de Frei lo sumerge a la cabeza del principal partido de un candidato que accede a la primera magistratura simbólicamente fragilizado. La derrota de Frei lo catapulta a un destino político superior, ya sea a la cabeza del principal partido de la oposición, o como articulador de una “nueva mayoría”.
December 31, 2009 No Comments
ESCALONA: CARA DE PALO.
El léxico de Marco Enríquez-Ominami le resulta insoportable e insostenible a Escalona. Tiene de qué. Aunque éste último declare a los medios otra cosa de lo que (el mismo) lee. Resulta sorprendente verlo afirmar sostener que no se saca nada con menoscabar a los partidos. Escalona siempre responde por algo que no le han preguntado, porque lo que busca instalar en la prensa es la invención de otra pregunta. En francés, hay una fórmula para describir este hábito y que traducida literalmente no funciona: “langue de bois”. Lengua de madera. La traducción aproximativa sería CARA DE PALO. En general, es un atributo que siempre se ganaban los viejos dirigentes del comunismo francés, que se caracterizaban por ser expertos en justificar lo injustificable. Digo, francés, para particularizar un poco. Al punto que se convirtió en un elemento fundamental de la carrera de todo dirigente profesional.
Marco Enríquez-Ominami no menoscaba a los partidos, sino al modelo de conducción partidaria encarnado en Escalona. Desde dicho modelo el dirigente del socialismo chileno señala que los partidos son los pies de la candidatura. ¡No se puede cortar los pies al comando!. Recuerdo hace muchos años atrás, haber visto los restos de un cuerpo petrificado de la cueva Morín (España), preservado en un bloque de material transparente por arqueólogos estadounidenses. El hombre llevaba un cervatillo en la espalda y tenía los pies cortados a la altura de los tobillos. Era una señal corporal para que no regresara a perturbar las andanzas de los vivos. Suena razonablemente campechano. El comando freísta jamás le podría cortar los pies a los partidos, porque éstos viven de la explotación y manejo de las ensoñaciones de los vivos. El comando mismo de campaña es una invención partidaria que se ha tomado patéticamente en serio su autonomía. Y claramente, mi recuerdo descalifica al propio comando freista al asociarlo a un fósil. El cervatillo es colocado en la tumba como una ofrenda para que el muerto pueda llevar sus propias vituallas durante el viaje. En la variante jocosa de este recuerdo, el cervatillo señala el cúmulo de prebendas con que los fósiles de la Concertación tendrán que portar al momento de abandonar el goce del aparato.
Regreso a Escalona: éste es más temible para si mismo cuando emplea el tipo de metáforas, como la de los pies, porque deja visible en extremo los flancos de su discursividad.
Ahora bien: si los partidos son los pies, a lo mejor, lo que hay que hacer es cambiar de zapatos. Hay un célebre comentario de filósofos y criticos de arte, sobre la importancia de los zapatos en la pintura de van Gogh. Se menciona el hecho que uno de los pares de zapatos que este pinta como desplazamiento de su autorretrato, no tiene cordones. Muestra los orificios del zapato exhibiendo la imposibilidad de cierre. Eso le ocurre a los partidos respecto del comando freista. No cierran. Los partidos tienen su zapatos des/lazados. Es decir, no amarran. No se amarran. No amarran a nadie, ni siquiera a sus bases. Porque los primeros des/amarrados –desligados de sus referentes simbólicos y textuales- son sus propios dirigentes. Estos carecen de referente filial más allá de lo que reúne a una banda de operadores que no trepida en recurrir a la extorsión simbólica de aquellos que todavía los sostienen, portando la avería analítica de su propia historia partidaria.
¿Cómo se escribe la historia de un partido? Ciertamente, como un gran sistema justificatorio de las decisiones de plenos y de comités ejecutivos sobre cuestiones programáticas cuya legitimidad se acomoda a los intereses de la fracción más fuerte de la banda, en una coyuntura específica. En este sentido, hay que saber que las bases partidarias, deudoras del mito del centralismo-democrático, son una invención orgánica de la dirigencia para llevar a cabo sus felonías. En primer lugar, la felonía de sostener la ilusión de dicho método de manejo de las subjetividades que conduce a la farsa policíaca de la dialéctica partido-masas.
December 31, 2009 No Comments
LA CONCERTACIÓN COMO CORRUPCIÓN PROGRAMÁTICA.
En el programa Tolerancia Cero (CHV) del domingo 20 de diciembre, Marco Enríquez-Ominami pronunció dos palabras que ni El Mercurio ni La Nación del lunes 21 calificaron de impronunciables; vale decir, de in/imprimibles.
Las dos fortalezas de papel negaron el enunciado a tal punto que se debiera pensar que este no tuvo lugar. Y sin embargo Marco Enríquez-Ominami fue muy claro cuando dijo que Frei representaba la corrupción programática de la Concertación.
Ningún candidato ha ido tan lejos en la caracterización del modelo de gobernabilidad imperante. El Mercurio del lunes puso el énfasis en la cobertura de la satanización del apoyo del PC a Frei, mientras La Nación recalcaba el valor del discurso respetuoso de Enríquez-Ominami hacia las bases de Frei. Los objetivos de ambos complejos editoriales no hacen más que exponer sin transición ni mediación alguna sus expresiones de deseo. El primero, demostrando la existencia de un pacto contra-natura, destinado a demostrar que la voracidad del hijo traiciona los principios anti-comunistas del padre, a quien se le recuerda como un legítimo promotor del “pronunciamiento” militar. El segundo, esbozando la secreta esperanza de que las bases ejerzan presión sobre la conducción del Comando.
El enunciado sobre la corrupción programática fue borrado por el deseo de desatención sobre un modelo estructural de comportamiento, que involucra los temores de la Alianza a ser reconocida como la continuidad conservadora de un modelo de dominio que se ha instalado en la política chilena.
El programa remite a “algo más” que un plan de gobierno. Este tipo de distinciones resulta totalmente jocoso, al recordar las viejas y no menos sorprendentes ocurrencias de los agentes de glosa de Enrique Correa durante la UP, para segmentar los tiempos de la producción política en Fase, Etapa y Período, para luego aplicarlos a la diversificación de las Tres Tareas: de Liberación Nacional, de Profundización de la Democracia y de Construcción del Socialismo. (Aplausos. Risas prolongadas). ¡Por eso es que he hablado de éste sujeto y articulador de la corrupción programática, como un maestro-de-lengua. Lo cual no viene a ser más que un chiste de arrastre. Pasemos.
El programa, entonces, corresponde al orden de la estrategia y recoge los trazos inscriptivos de la gobernabilidad, en su versión flacsiana de los orígenes; es decir, de los grandes financiamientos (ADN). El plan remite en cambio a complejos tácticos distribuídos en los patios traseros de la democracia y comprometen la pragmática de secuestro cotidiano de las iniciativas ciudadanas de autonomía del movimiento social.
El espacio en que esta pragmática se ha hecho evidente ha sido el de la “mesa de trabajo” como lugar decisivo de desactivación de la voz ciudadana, mediante formas eficaces de desvío y desnaturalización de la palabra. Mediante este procedimiento, el funcionariato ha logrado montar un mecanismo de usura y tetanización de la escucha con resultados de una eficacia sin precedentes. El goce del funcionariato se verifica en la producción de una instancia de cinismo de primer grado, en que reúnen a interlocutores en torno a una mesa en el momento que avanzan con decretos y acciones que operan sobre flujos consumados.
Quizás la mayor expresión de este procedimiento fue la comisión de educación que aniquiló las demandas de los “pingüinos”. Otra manifestación flagrante fue la negativa de las cúpulas partidarias para realizar primarias abiertas. Este fue el momento de quiebre en los procedimientos de manejo, porque demostró que las propias cúpulas asumían las fallas reconocidas del funcionariato en la gestión de gobernabilidad, con lo cual no hicieron sino exhibir el punto máximo de fragilidad del dispositivo de control de las intensidades administrativas.
El objetivo había sido desplazado desde la desactivación de la energía ciudadana hacia la nominación de un candidato mediante la teatralidad de la restricción representativa. ¡Les dañó el seso la Pequeña-Gigante! LA corrupción de los dispositivos de legitimación se instaló como una verdad efectual cuyas consecuencias el comando freista no puede ya controlar, porque la forma inicial de nominación del propio candidato hace imposible hoy día sostener credibilidad alguna a sus demandas de acogida.
Frei representa la corrupción programática de la Concertación y lo hace a fuerza de encarnar la ilegitimidad del procedimiento que lo instaló como candidato. A estas alturas, nadie puede proclamarse hospitalario.
December 27, 2009 No Comments
CARTA ABIERTA.
December 22, 2009 No Comments
LA PALABRA PROGRESISTA.
December 22, 2009 No Comments
DE MAESTRO DE LENGUAS A OPERADOR DE TRÁFICO.
December 20, 2009 No Comments