EL REVÉS DE LA TRAMA (2).

¡Magnífico hallazgo! El primer texto escogido, de 1976, es anterior al empleo que se hará desde ese entonces, de la palabra “paradigma”, en el sector de las ciencias sociales, -en que dicho sea de paso-, sus agentes recién comienzan a leer a T.S. Kuhn, para imprimir alguna densidad al protocolo de des-marxistización. En el campo del arte, la palabra “paradigma” comenzó a circular mucho después, cuando algunos críticos se pudieron a leer los textos de FLACSO, donde T.S. Kuhn era profusamente citado, y porque además debían demostrar su propio protocolo de des-psicoanalización afrancesada. Ahora, en lenguaje de Kuhn, si hay alguna “revolución copernicana” a la que haya que apelar, es aquella que produce el texto de Ronald Kay de 1976, porque ese es un texto que cambió -¡no lo diga!- los “paradigmas” del arte chileno.

En definitiva, si hay ruptura, esta se localiza, como he dicho, en esa zona que se instala en la discursidad de Ronald Kay, desplegada entre 1975 y 1976. Pero no existe un paradigma que reemplace a otro paradigma. ¡Es que no había paradigma! ¿Qué es lo que había antes del “antes”?

En seguida, la periodización encaramada que descubro en esta edición, se localiza en el largo flujo temporal que se despliega entre 1982 (dictadura en pleno) y 2008 (transición pactada en situación terminal), acogiendo 35 textos. ¡Es demasiado largo el proceso de despliegue y profusión de escenas de escritura! Ciertamente, porque hay varias escenas cuyos diagramas diferenciados no son compatibles entre sí. Esta será la tarea de los lectores de hoy: reconstruir diagramas y recomponer averías nocionales específicas.

Al no existir textos paradigmáticos, Daniela González seleccionó a un conjunto de artistas, determinados por la frecuencia de la atención crítica significativa. No se toma, sin embargo, el trabajo de explicar el criterio de esta significancia, sino que deja que la sola enumeración defina el mapa de referencia. Y no se equivoca. Si bien, hay casos en que el artista se hace adjudicador de un solo texto, como en el caso de Virginia Errázuriz y Francisco Smythe, que vienen a ser los anómalos del conjunto. Pero no debe quedar fuera del foco de atención el hecho que el texto de Oyarzún sobre Virginia Errázuriz data de 1991 y que proviene de un catálogo del que han sido recuperado otros textos de otros artistas. En este sentido, hay catálogos que han sido más eficientes que otros para incidir en el reparto de las designaciones. Será necesario revisar los títulos y seguir la pista de esos soportes. Entre ellos, por ejemplo, adquiere gran relevancia el catálogo de la exposición en América’s Society, curada por Fatima Bercht, en 1991.

En algún momento de la revisión pensé que Virginia Errázuriz y Smythe eran los únicos que denotaban sus exposiciones en el exterior. Pero Dittborn, Díaz, Jaar, tenían más de un texto que provenía de algún catálogo internacional. Sin embargo, sostengo que por lo general, los textos escritos para afuera siguen siendo textos escritos para adentro. Y en ese sentido, los textos sobre Virginia Errázuriz y Smythe son ejemplares, porque marcan diferencias y remiten al reclamo de sus antecedentes inmediatos. En el caso de la primera, lo que leo es un diseño de programa en provecho de la pulcritud y la retención formal, frente a la hegemonía de las instalaciones “barrocas” que ya habían hecho escuela. Lo de Smythe es un recuento destinado a ser leído por quienes le dieron vuelta la espalda a su regreso de 1985. (Lamentablemente, estos jamás leyeron el texto de Raúl. Es probable que lo hagan ahora, forzados por las maniobras que esta edición ha promovido, para confirmar lo que ya sabían).

Un elemento que debe ser considerado es la constatación de un gran vacío en la atención crítica sobre Dittborn. El texto más antiguo considerado es el de Ronald Kay de 1976. Desde allí se reconoce un salto hasta 1992. Luego, 1993, 1998, 2000 y 2003. Progresión textual que acompaña su avance de carrera. En 1976 no tenía carrera. Es cierto: hay que pensar en la pregunta por el rol que juegan los textos en las construcciones de carrera.

Estos textos, ¿han sido útiles, para qué? En verdad, ¿cómo se puede determinar la rentabilidad de un texto? Existe una rentabilidad académica, que es distinta de la rentabilidad comunicacional o mediática, la que a su vez, se distingue de la rentabilidad mercantil. Este libro, ¿a que rentabilidad satisface? Podría pasar como el efecto práctico de una “investigación de campo”; sin embargo, la sola enumeración de autores y de artistas confirma la existencia de un campo único. ¿No sería posible, en vez de calificar para la Colección Pensamiento Visual, estos textos simplemente declararan su pertenencia narrativa al campo de la literatura de no ficción?

Otro hallazgo de Daniela González consiste en la recuperación de atención crítica reciente sobre Langlois, consolidando a nivel editorial lo que ya se sabía en el relato oral y formaba parte del mito. Lo cual autoriza a pensar que las pocas menciones bibliográficas existentes antes de esta fecha, brillaban por su ineficacia. Si bien, al menos, habrá que reconocer que Galaz siempre recurrió a la foto de la intervención de Langlois en el MNBA, con el solo propósito de molestar a la “escena de avanzada”, porque la usaba para demostrar que había un “precursor” no reconocido. Otra decisión fundamental de Daniela González: no hay texto alguno de Galaz en esta edición.

Así las cosas, los tres textos sobre Downey, producidos en 1984 y 1987, consagran la presencia diagramática de su obra en esa coyuntura del arte chileno. Lo cual debiera introducir en el lector de hoy la inquietud de saber cuáles eran las condiciones de circulación que estas producciones tenían; es decir, valga preguntarse por quien era el público de dicha ofensiva editorial. Sabiendo de antemano que los estudiantes de arte y los artistas de hoy, no leen. ¡Se han des-marxistizado demasiado! Más bien, ¡no tuvieron derecho a marxistización alguna! Ya es tarde.

Hay que decir que los textos no son de difícil acceso, sino que responden a complejos epistémicos diferenciados. Sería demasiado trabajo, hoy día, estudiar las condiciones de aparición de unos conceptos y la deportación de otros en un campo crítico que, por lo demás, jamás ha sido unitario.

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