Por una Teoría del Simulacro (2)

Me he referido a la divergencia entre Roberto Matta y Gordon Matta-Clark. Esta tiene lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, en 1971. Es decir, Roberto Matta ha venido a Santiago en noviembre de 1970 para asistir a la transmisión del mando de Salvador Allende. Se queda hasta fines de marzo en el país. Es en ese momento que realiza unas pinturas que serán únicas en su producción. Tienen materia. Las hace con tierra, yeso y paja. En términos estrictos, reproduce la textura de un muro de casa campesina chilena, con sus muros de adobe pintado a la cal. Sobre este soporte pinta unos signos que serán característicos de este período. Su teoría explícita consiste en expresar en esas pinturas/muros los deseos del pueblo, cuyas voces han sido acalladas.

Gordon Matta-Clark viene a Chile en mayo de 1971, en el marco de un viaje por Sudamérica, junto a su amigo Jeffrey Lew. Ya ha montado Foods, antes de salir de viaje. Y ya ha redactado una carta/manifiesto pidiendo a los artistas estadounidenses que no asistan a la bienal de Sao Paulo. Su idea es montar en Santiago una especie de “contrabienal”. La idea no prospera.  Sin embargo, realiza un trabajo de intervención en el subterráneo del museo, mientras Jeffrey Lew realiza una excavación en el mismo hall central del museo, en el lugar que Roberto Matta prepara sus telas en noviembre de 1970.

Lo que pienso es que frente al exceso de denotación de la pintura de Roberto Matta, lo que hacen Jeffrey Lew y Gordon Matta-Clark es una critica de los cimientos de la propia institución artística. Esa es la gran divergencia.  Mientras Matta ilustra el discurso de los que no tienen voz propia, Matta-Clark adopta una posición situacionista, de crítica institucional, como he sostenido, poniendo en crisis los fundamentos de las propias transferencias culturales, ya que interviene en el subterráneo de una edificación que ya es una copia falsa de un museo referencial: el Petit Palais (París).

Pues bien: la situación referida tiene lugar en 1971. Es decir, un momento distintivo en la historia del arte latinoamericano. Fíjense ustedes que si estamos pensando en divergencias espacio temporales, la intervención de Matta-Clark no será recogida por los artistas que en mayo de 1973 se reúnen en Santiago de Chile en el Encuentro de Artistas del Cono-Sur. Este fue una especie de congreso en el que se preparaba un documento que debía ser presentado en el Segundo Congreso de Cultura de La Habana, que debía tener lugar en septiembre de ese año. Imagínense ustedes a un grupo de artistas que requiere armar un encuentro para redactar un documento que debe ser presentado en un sitio referencial. Esto nos proporciona suficientes elementos para estudiar una literal subordinación política de las prácticas artísticas. Esto sería una especie de “espíritu de época”. Por ese solo hecho, ya se instala como problema.  Por eso, resulta sorprendente que la reconstrucción de este encuentro no ha sido recogida por historia alguna del arte latinoamericano. Aquí dejo planteado otro problema, relativo a la divergencia analítica que se instala a propósito de la constitución de un corpus de discursos  del arte latinoamericano en la coyuntura de inicios de los años setenta. La visita de Matta-Clark a Santiago no sería visible ni para la escena local ni para la crítica histórica posterior.

A partir de lo anterior, sostengo que el trabajo de Matta-Clark de 1971 anticipa y supera, en lo formal y en lo institucional, lo que se discute en 1973 en el encuentro de artistas del Cono-Sur. A mi juicio, las declaraciones producidas en dicho acontecimiento pueden ser leídas como un momentos analítico regresivo, dominado por un exceso de denotación ilustrativa respecto de la posición del artista en las sociedad. La posición de Matta-Clark resulta no denotativa, no ilustrativa, ya que pone en riesgo las propias fronteras formales de las prácticas de arte. Este tema no se me hubiera planteado, hoy, si no es por la realización de la exposición Transmision: the art of Roberto Matta and Gordon Matta-Clark, que la curadora Betti-Sue Hertz prepara para el mes de agosto en el Museo de Arte de San Diego, California.

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