ANDRES DUPRAT Y LA CASA CURUTCHET.

Andrés Duprat, ex director del Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca y actual director de artes visuales de la Secretaría de Cultura de la Nación, estudió arquitectura en La Plata, donde se convirtió en un especialista en Le Corbusier. Su oficina se encuentra en una mansión de la calle Alsina, con escalinata de mármol a la entrada y un ascensor centenario, en pleno centro de Buenos Aires, construida en 1904 por el arquitecto Alejandro Christophersen, para albergar la sede de la compañía de gas. Andrés Duprat conoció la Casa Curutchet mientras fue estudiante de arquitectura en La Plata, en los años ochenta. Hacia fines de su carrera, como en los años 87-88 una fundación médica la alquiló para hacerla su sede. Casualmente, uno de los directivos era pariente cercano de uno de sus compañeros de curso, por lo que los dejaron entrar. Incluso les dieron la llave. Pudieron entrar, recorrerla, sacarle fotos. Incluso, antes de que comenzaran los trabajos de arreglo de la casa, les permitieron hacer una de las últimas entregas de Arquitectura. De modo que se instalaron allí con sus tableros y se pusieron a trabajar en sus proyectos. Eso fue un lujo.

Luego de recibirse de arquitecto, Andrés Duprat se fue a Italia a trabajar en un proyecto de investigación y pudo viajar y visitar la Fundación Le Corbusier en París. Es allí donde pudo tener contacto directo con la correspondencia entre Le Corbusier y Curutchet, así como con los bocetos y dibujos para el proyecto de la casa que, a su juicio, es una de sus mejores obras.

En este punto, Duprat explica –en una larga entrevista que le hacen dos arquitectos que editan la revista del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires- una situación comparativa que posee un efecto lateral extraordinario en la calificación de determinadas obras. Por ejemplo, señala que en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires hay un Picasso, pero que es una pésima pintura. Al fin y al cabo, de todos modos, aunque sea un mal Picasso, hay un Picasso en Buenos Aires. En cambio, con la Casa Curutchet no ocurre lo mismo, por en esta obra están comprendidos absolutamente todos los puntos de Le Corbusier. Lo que Le Corbusier buscaba era la adjudicación del plan de la ciudad de Buenos Aires y la ejecución de esta casa formaba parte de su estrategia. Finalmente, el plan nunca se hizo pero quedó la casa que es una obra maestra de arquitectura. El hecho es que se trata de la única vivienda de Le Corbusier que se construyó en el continente americano; obra singular por el juego que produce con la doble geometría de la propia ciudad de La Plata. De este modo, se implanta como diagrama para un guión en que todo toma un cariz dramático por lo que la casa significa y porque determina el perfil de uno de los personajes, que es un diseñador industrial muy refinado, amante de la música concreta.

En la película, en efecto, se menciona que es la casa de Le Corbusier, porque se organizan visitas guiadas de estudiantes. Pero a la vez, la película servirá para difundir la propia casa, que pasa a ser un personaje por si mismo. Es preciso decir que para la filmación la vivienda fue especialmente acondicionada con muebles de diseño, artefactos y accesorios típicos de una familia de clase media ascendente, formada por una pareja de profesionales de cómoda situación económica, buen nivel cultural y una hija.

Andrés Duprat declara en el curso de la entrevista cual es el enfoque de la película: “una especie de relación imposible entre dos tipos que viven en el mismo país, en la misma ciudad, en la misma manzana, a pocos metros, separados por un muro, pero imposibilitados de comunicarse por pertenecer a estratos socioeconómicos. Quizás cualquiera de ellos podría hablar con un extranjero, una persona que viva en Alaska, un africano, pero no con su vecino. El guión apunta a esa imposibilidad prejuiciosa de convivencia entre vecinos, a partir de una situación irregular: uno de ellos hace un agujero en la medianera común. Que todo eso se desarrolle en una casa como la Curutchet de Le Corbusier, potencia al máximo la anécdota, porque esa casa es, per se, una obra de arte y no admite ese tipo de deterioro, que uno lo ve habitualmente en cantidad de casas con ventanas en las medianeras o arreglos raros entre vecinos”.

This entry was posted in escritos de contingencia and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink.

Comments are closed.