EL IMPRESO INSUMISO.

La directora del Centro de Documentación de las Artes del Centro Cultural Palacio La Moneda –Isabel García- invita a visitar la exposición El Espacio Insumiso. Letra e Imagen en Chile de los ’70, ya que solo permanecerá abierta hasta el 15 de noviembre. La drástica reducción del tiempo de exhibición de esta muestra ejemplar es una de las últimas curiosidades obstructivas  del reforzado equipo directivo de la Trienal de Chile. Menciono la existencia de una amenaza previa ante el malestar que en agentes fácticos cercanos al curador general produjo el conocimiento de los documentos que debían ser exhibidos. Al parecer, la puesta en relevancia  de tales documentos ponía en duros aprietos las prácticas de omisión y de encubrimiento que estos mismos agentes habían puesto en vigor durante estas últimas décadas. Agentes que, por lo demás, no dejan de promover la manipulación de archivos desde sustitutas máquinas de papel de envolver discursos de retoque historiográfico.

Aquí, me detengo en la mención jocosa que se distribuye desde dos conceptos prácticos. En primer lugar, está el concepto de máquina-de-papel, en el sentido que tiene la noción de “máquina” en la tradición política demócrata-cristiana que, traspasada al comportamiento de los agentes culturales ha dado lugar a una política de enclave denominada “máquina ministerial”. El rol del papel en esta denominación apunta a determinar la fragilidad de los “efectos de máquina”; es decir, la ineptitud que exhiben las amenazas de los grupos decisionales que, desde revistas de combate a la vieja usanza vanguardista, intentan reticular el dominio de las escrituras.

En segundo lugar, está la cuestión del papel-de-envolver, que remite a la función discursiva del empaque, en estrategias de defensa administrativa que convierte toda gestión ministerial en un asunto de bolicheros, con todo el respeto que tengo por los almacenes esquineros.

Así y todo, el título de la exhibición es una muestra manifiesta del valor que pueden tener las actitudes curatoriales insumisas, que no se dejan amedrentar por las operaciones de control y de vigilancia que algunos intelectuales reconvertidos en funcionarios de aparatos de extensión universitaria, han montado para limitar la  circulación de documentos claves cuya consideración redimensiona las coordenadas de la escena del arte chileno de fines de los años setenta.

En vez de El espacio insumiso, la exposición debió llamarse El impreso insumiso. Si bien, ya es un hecho que al leer la palabra espacio, en el título, se lee como espacio del impreso. Lo cual pasa a ser una exigencia básica para entender el carácter de la insumisión. Siendo ésta la palabra que ha sido invertida para delimitar la distancia crítica entre la Letra y la  Imagen, en la fase de 1974 a 1978, en el entendido que se trata de una fase en la que concurren varias coyunturas encaramadas a lo largo de 1974, 1975 y 1976. Es decir, cada fecha señala un complejo diferenciado de problemas, que redefinen el carácter de zonas de productividad específica, cada una de las cuáles responde a los efectos indiciales que la empresa de lectura de Ronald Kay genera en esas tres coyunturas.

En 1974 realiza el seminario Signometría (Tentativa Artaud), en el Departamento de Estudios Humanísticos. En 1975 tiene lugar la producción del número único de Revista Manuscritos, bajo su dirección editorial. En 1976 publica 2 textos de Nelly Richard y Ronals Kay sobre 9 dibujos de Dittborn, bajo el sello v.i.s.u.a.l.

En esta fase decisiva y anticipatoria de las insumisiones formales del arte chileno de los años posteriores, la cuestión editorial condensó el momento crítico de mayor densidad visual de la fase inicial de lo que he denominado en otros textos, la segunda transferencia dura del arte chileno, que tiene lugar en un período extremadamente comprimido entre la serie de Santo Domingo (Balmes, 1965) y Final de Pista (Dittborn, 1977).

En el sub-título de esta exposición de documentos,  Letra reemplaza a Palabra, como era el enunciado que se debía esperar. La exactitud de la elección de la palabra Letra apunta a afirmar que, en esa coyuntura, la Letra Figura (de una determinada manera). De modo que, el sub-título conduce a la producir la Imagen (de la) Letra, como una instancia-de-la-letra en la inscriptividad de un inconciente editorial. La Letra Figura la Fisura que colma. Por eso, la Figura de la Letra es el recurso metódico de la matriz que reproduce la fisura en el calce de su condición como impreso.

En algún lugar leí que en el párrafo con que Marx da comienzo a El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, cuando afirma que la historia se repite, en verdad emplea más bien el verbo reproducir, en el sentido tipográfico del término. La historia se reproduce como impreso, por así decir, dos veces, como Letra y como Imagen. Aunque sepamos que la crítica de arte es un juego de palabras, la letra (siempre) no ha hecho más que figurar la tragedia exhibitiva de documentos que sobreviven como fantasmas de una historia enterrada.  En este caso, la tragedia de omisión de la letra ha terminado reproduciendo la farsa por el dominio administrativo de la Trienal de Chile.

La muestra –al menos- ha logrado que sean presentadas las pruebas. ¡Un buen número de  pruebas! Vale decir, las primeras tentativas y las primeras pruebas-de-imprenta. De este modo, el zócalo del edificio del Centro Cultural Palacio la Moneda ha sido interferido, contra viento y marea, por la gigantografía de una imagen que, para el caso, anticipa la impresibilidad de la letra. Esta imagen era una de las reproducciones significativas de Tentativa Artaud, operación visual presentada en mayo del 2008 en el Museo Nacional de Bellas Artes.

¡Qué duda cabe! Ronald Kay dicta un seminario que contempla el paso al acto de su diagrama de lectura: los gestos, los materiales, las disposiciones objetuales, los ritos, las citas, etc., anticipan, exponen la necesidad teórica y práctica de un sin número de acciones que tuvieron lugar, a lo menos, tres después, como residuos rudimentarios. Es decir, en este seminario fue formulada la matriz generativa. ¡Estoy hablando de 1974! Por esta razón es importante señalar las fechas, para que pueda ser reconstruido el contexto hoy día negado por modificaciones y retoques historiográficos que han excedido el campo de la ética. Hay que tener en cuenta que después de Signografía vino la edición de Revista Manuscritos, el acontecimiento visual de mayor densidad  formal de esa fase.

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