COMENTARIOS A TRES OBSERVACIONES DE GALERÍA METROPOLITANA.

Respecto de la reseña de Filtraciones I, mis amigos de Galería Metropolitana me han enviado un correo con tres observaciones.  Las reproduzco  para extraer de ellas un efecto  suplementario  destinado a precisar cuestiones que afinan los términos  no suficientemente conocidos de un proyecto como éste. En verdad, el equipo de Galería Metropolitana, con el humor que los caracteriza, usando el método de los escolares que molestan a otros a la salida de clases, dándose empujones y haciendo cacha-males, me ha señalado tres cosas que, por el tono, debo considerar de máximo interés para la escena local: “1.- Filtraciones es proyecto financiado por Fondart.; 2.- Se te olvido mencionar REPASOS de Antonia Thompson (USA) serie de entrevistas (2004) a quien le diste gustoso una entrevista; 3.- Y que Galende es Argentino… doctorado con Oyarzún…”.

De acuerdo a la lógica de Galería Metropolitana, la primera observación es gravísima. El hecho de que Filtraciones haya sido un proyecto Fondart le quita toda seriedad, todo rigor, toda justeza política al proyecto.  Con lo cual coincido plenamente. En términos estrictos, esto permite entender que Fondart sostiene una empresa de conocimiento alternativo que suple la falta de fondos para la investigación en universidades privadas. Es decir, es como el Ministerio de la Vivienda que subsidia, en verdad, a los grandes especuladores inmobiliarios en su afán por construir la ciudad neoliberal del Bicentenario. El Fondart promueve investigaciones de universidades en crisis financiera, que convierte las ediciones en sustitución investigativa. Es una astucia institucional de gran eficacia. Esto es lo que se encuentra por debajo de la observación de Galería Metropolitana.

Lo segundo es que no debía mencionar la entrevista de Antonia Thompson,  porque lo que conozco está en inglés, no circula en el país, carece de toda eficacia para esta polémica y su batería de preguntas está asentada en otros presupuestos académicos. Y por lo demás, ¿qué significa que acepté gustoso?  La entrevista de Ana Thompson era realizada en un ámbito académico, destinado a su tesis.  Filtraciones era un libro abierto. En este sentido, debiera mencionar otras tantas entrevistas que hemos dado, a lo largo de estos años, para experiencias similares. Lo cual señala que Galería Metropolitana me reprocha otra cosa. En verdad, me critica el no haber declarado con suficiente insistencia, que el método de las entrevistas es más viejo que el hilo negro y que no constituye de por si ningún aporte metodológico al conocimiento del campo. Eso es lo que andan buscando que uno diga.

Pero eso, en cierto sentido lo he señalado, al hacer mención de las investigaciones iniciales de los proyectos de investigación-acción en las ONG dedicadas a la rearticulación partidaria. En este caso, lo que hay que poner como antecedente es la serie de entrevistas a mujeres del campo, a mujeres del sector forestal, a mujeres temporeras de los nuevos pakings, destinadas a  instalar la validez historiográfica del testimonio individual como vector de la historia colectiva.  Esto es, en verdad, más viejo que el hilo negro, como decía, porque delata las condiciones precarias  de la producción del conocimiento  social experimentaba en 1974. Pero hacer el mismo gesto después del 2004 es como reproducir el sentimiento de que el espacio plástico es tan precario como el habla de las mujeres de esa coyuntura anterior. La maldad de Galería Metropolitana es de antología.  En ese sentido, debo aceptar su observación como una crítica a mi insuficiencia analítica respecto de un tema que ya puedo imaginar hacia donde nos quiere llevar.

Galería Metropolitana nos quiere llevar a Tucumán Arde como método de encuesta. Este es un asunto muy delicado, porque sugiere su deseo de que  la escena chilena sea mirada como un ingenio tucumano. Lo que en verdad se esconde en estas observaciones el deseo de Galería Metropolitana de tucumanardizar la escena chilena. Entiendo cual podría ser su necesidad política, si bien no la comparto.

La tercera observación es la más arriesgada. Galende es argentino. No se sabe si Galería Metropolitana lo dice como  una ofensa o un cumplido. ¿Qué es lo que hay por debajo de esto? No es usual que un argentino venga a hacer un doctorado a este país.  Hay un chiste de filósofos: doctor romanus, asnus germanicus. O sea, doctor en Roma, asno en Alemania.  Vamos: doctor en Santiago, asno en Buenos Aires.  Suena realmente ofensivo. Pero Galende ya es grande y sabe a lo que se enfrenta cuando se instala en la zona arciana del conocimiento. Sabe que su doctorado chileno es una ofensa revertida hacia el propio Oyarzún. En este caso, la operación resulta visiblemente agresiva y consiste en privilegiar la figura del doctorando en garantía del propio doctorado. Solo requería de un encuadre académico en crisis endémica de crecimiento, para forjarse una calificación a la medida de su crítica política  a la escena de la filosofía chilena. La escena plástica ha sido una excusa de segundo grado.

En este sentido, Filtraciones I debe ser considerado, lo repito, como el reverso empírico de la teoría invertida en su tesis doctoral.  El libro es un conchazo extra-académico destinado a agredir a su propia academia. Por eso no me preocupé de reseñar el libro con anterioridad, en la medida que es el objeto editorial de una lucha interna de sub-culturas intelectuales con las que no tengo ninguna empatía.  Sin embargo, Gonzalo Díaz me hizo, en su ocasión,  un relato somero de la brillante defensa de tesis de Galende. Con eso bastaba. Lo que debiera ser publicado, insisto, es la tesis, propiamente. Si bien, el libro, por el solo hecho de circular en esa zona, ya constituye un acontecimiento editorial cuyos efectos son impensados, por el solo hecho de poner en escena el habla de unos des/hablados. De modo que los entrevistados solo somos pretexto narrativo para contar historias menores que ilustran la conceptualizad desplegada en la tesis. Pero eso era algo que se sabía desde el momento en que fuimos invitados a participar.  La maldad de Galende apunta más allá: la ilustratividad de los testimonios es puesta en duda, en el momento mismo de su enunciación, quedando como plataforma de desautorización de las inflaciones conceptuales del ambiente académico ante el cual Galende debe comparecer para cumplir con la ceremonia de su acreditación como doctor.  Pero sabiendo que ha puesto a circular un libelo en el que aparece como encuestador,  que enfrenta el acontecimiento  de habla con la larga duración de la escritura.  Los des/hablados también escriben, pero son reducidos a la condición  de informantes vulgares, uniformados ante una batería de preguntas pensada para que se delaten a sí mismos en el acto de habla, experimentando la corrida seminal de unos relatos que los incriminarían por el solo hecho de ser proferidos.

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