LA FACHADA TOPOLÓGICA.

Lo que importa es el estatuto otorgado al lugar de ejecución. En seguida, al método del grabado –estampación y tintura-. La una y la otra. Para terminar con el bordado de las piezas, que produce un efecto de sutura significante. La herida que no es posible cerrar acumula el grumo de la reparación imposible. De eso se trata: de cerrar con hilo de oro lo impronunciable, como reverso de la elocuencia lenguajera que anticipa el espectáculo de la ejecución. Toda la historia crítica de la gráfica política está condensada en este pequeño terreno: de la absorción al bordado, como operaciones de articulación pictográfica.

La escena es esa: el manto sagrado, secado, para ser trasladado a Venecia, como lugar de una ejecución de otro tipo. El santo sudario ha sido considerado como el primer negativo en la historia del arte occidental. Solo faltaban condiciones tecnológicas adecuadas a reproducir las copìas. Porque sobre la matriz de los acontecimientos, a nadie le quedó duda alguna. La historia que de allí se desprende experimenta la merma que define al discurso de su posteridad: “la artista  y sus colaboradores explotan el territorio citadino, en pos de minúsculos residuos y huellas de asesinatos”.

La frase de Cuauhtémoc señala un aspecto no suficientemente considerado: el estatuto de los colaboradores. En Venecia, Margolles estuvo sostenida por una tribu que hacía más complejo el trabajo curatorial.  Se trataba del equipo con quien ha realizado el trabajo de tintura/estampación/recolección, en los lugares del crimen, cuando la fuerza del Estado des-encuadra el sitio. La tribu, que es mi manera de referirme a los colaboradores más comprometidos con sus operaciones, sabían perfectamente distinguir entre condiciones de recolección de las manchas residuales y puesta en escena de su exhibición.  En esa pequeña distinción se jugaba la disolución  de la operación de encubrimiento,  denominada Imagen-País.

Lo que las ejecuciones ponen de relieve, como las palabras bordadas sobre la tela, es que en el límite de la ciudad se define el territorio, como deserción del signo inscriptivo de una política de reticulación urbana. Por esa razón, la exploración de huellas “establece la cartografía de un territorio marcado por la acumulación de cadáveres”. Sigo citando el texto de Cuauhtémoc en el políptico. Lo que explotó fue la morgue como taller de tareas. Eso implica una sola cosa: que el depósito de cadáveres ya no alcanza a contener la producción estadística de estos. El índice de medición se ha disparado, de modo tal, que las ciudades corren el riesgo de no poder almacenar los cadáveres, como en las antiguas pestes cuando ya una comunidad perdía la capacidad de sepultar a sus muertos.   Sin embargo, los cadáveres deben quedar, permanecer allí, hasta ser encontrados, reconocidos, incorporados al sistema de su manejo para poder ser retirados. Los restos no se retiran, sino que significan en ese espacio de restancia legal que ninguna institución asume, porque está ligada a la materialidad efectual de los mismos restos. Es así que en una de las telas que recubren los muros de una de las salas del palazzo, resulta evidente la  consistencia de la costra; del rojo-cabeza-de-muerto que define el color de la sangre coagulada, como un significante cromático que desplaza el mandato ritual de una política económica de las huellas, cuyos residuos son recolectados para experimentar una deshidratación que las haga transportables, para volver a desplegarse mediante la humectación regulada en el sitio de arribo.

La Bienal de Venecia es el sitio de arribo que solo posee el valor de sostenerse temporalmente como lugar de enunciación, cumpliendo todas las reglas de la conservación-preventiva. ¡Esto es fundamental en la estrategia de irrecuperabilidad de los sujetos de la literatura crítica post-colonial, que se desacomoda cuando sus académicos tienen que enfrentar el legado teórico de la sociología crítica latinoamericana de los años sesenta! Más aún, después que sabemos que Homi Bahba era miembro del jurado que le dio el premio a Bruce Nauman, decorador de interiores. Es decir, el trabajo de Teresa Margolles convierte la “retrospectiva” de Nauman en una exposición de diseños. Simplemente, porque se le adelantó, en el tiempo, en el concepto, en la política, para realizar una “prospectiva” analítica, bajo la simulación de una operación de cubrimiento de imágenes, cuando lo que en verdad obstruía era la condición de hueco en la fachada  topológica del Imperio.

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