LA TRIENAL COMO DISPOSITIVO DE INTERVENCIÓN TEÓRICA.

El momento en que subo a la página  Textos de Batalla (2) , hago lo mismo con Cuestiones de método: la escritura de Eugenio Dittborn en la coyuntura catalogal de 1976-1977.  Sin embargo, el primer texto se localiza en la sección Escritos de Contingencia, mientras el segundo, en la sección Gabinete de Trabajo.  Esto se relaciona con la intervención teórica denominada Trienal de Chile y proviene discursivamente de un título althusseriano de época: una intervención llamada lectura. De modo que si una Trienal como dispositivo de intervención es asociado a una intervención teórica, entonces tenemos que una trienal o una bienal están concebidas como un dispositivo de conocimiento, más que de señalamiento competitivo de  interposición de artistas en una rejilla de distribución representativa. De modo que una trienal de conocimiento no se hace para satisfacer las voluntades de carrera de los artistas, sino para elevar la calidad política  de la vida de comunidades sub-alternas.  Este fue el desafío inicial que cimentó la viabilidad de una trienal en Chile, como proyecto de desarrollo distintivo en el universo de las trescientas bienales que hay en el mundo.

Podemos decir que toda bienal es un proyecto de desarrollo; incluyendo la posibilidad real de ser un proyecto de especulación inmobiliaria. Aunque pensar una trienal como espacio de desarrollo del coleccionismo privado no corresponde a las demandas de una política de Estado, cuyo primer interés debe ser el desarrollo de las escenas locales.  Y bajo este predicamento, la Trienal de Chile fue concebida como un dispositivo de fortalecimiento de dichas escenas, operando en una frontera de gran movilidad nocional y experimental, poniendo en relación a actores complejos.

La escritura de los insumos que recoge Textos de Batalla reproduce la frase que Emilio de Ipola menciona en el texto que ya he citado en la entrega anterior:  una “intervención teórica se vectoriza a partir del texto, esto es, del lugar donde la teoría se enuncia, hacia el exterior de si misma, más precisamente  hacia el lugar donde la teoría se pone a prueba en los hechos o se “realiza”.

Lo que importa es la puesta a prueba.  En francés se escribepreuve. De  ahí proviene mise � l��preuve. ¿Cómo llegamos a esto? Por la puesta a prueba de la teoría.  Althusser emplea la palabra realización (de la teoría), en un texto que hizo historia: Acerca del trabajo teórico, publicado en La  filosofía como arma de la revolución, Córdoba, Cuadernos de Pasado y Presente, 1968. Este título es como para sacarle los pelos a muchos comentaristas de glosas.  Paso. El punto que deseo poner en relevancia es que la palabra �preuve aparece en el titulo Ecrire � l��preuve du politique,  que corresponde a un libro publicado por Claude Lefort,  en 1992, reuniendo varios textos entre los cuáles hay uno, en particular, destinado a trabajar sobre la frase maquiaveliana de la verita effetuale.  Lo dejo hasta aquí.

La palabra �preuve, por otro lado, corresponde a un término de imprenta y se refiere a la hoja impresa donde se indican las correcciones y los cambios  que el compositor de la caja debe realizar. Esta definición proviene del diccionario Littr�, que es contemporáneo de la linotipia.  Por eso se habla de caja. Pero en términos estrictos  es lo que se llama  prueba de imprenta. De este modo, el titulo de Lefort se podría declinar como escribir bajo la mirada del corrector, entendiendo que la política sería una acción análoga a la prueba de imprenta. Más aún, sabiendo la importancia que Lenin le atribuía al rol del periódico político en la construcción del partido. De ahí, el corrector como secretario general. (Aplausos prolongados).

Sin embargo, la palabra  �preuve también pertenece al léxico del grabado y se refiere a la primera hoja de ensayo de una plancha grabada.  Es una prueba tentativa, para rectificar. De ahí que se hable de prueba de artista, como aquella prueba que posee defectos particulares de una impresión primera con imperfecciones que le proporcionan un carácter determinado.

En tal caso, la escritura puesta a prueba por lo político tendría su acepción suplementaria en esta otra frase: la escritura política como una impresión que señala sus imperfecciones, es decir, la reproducción gráfica de la merma.  Una política que exhibiría sus propios signos de impresión inapropiada. De ahí que sería posible afirmar que la Trienal de Chile se debía entender como una intervención que asume en su relato, la puesta en escena de la merma de transferencia que caracteriza la constitución de la escena plástica. Y esto si que tiene que ver con la obra dittborniana, en la medida que ésta ha sido puesta a prueba por la teoría del procedimiento. Es decir, que ha hecho de la prueba, historia.

La teoría dittborniana es la que sostiene el deseo de la trienal como un dispositivo de intervención. No es por eso que la trienal lo escoge para homenajear su obra. ¿Qué es eso? ¿Homenajear? En verdad, lo que se toma a cargo es el valor de un diagrama de trabajo,  que somete a  prueba la política de un ministerio que no está en medida, siquiera, de reconocer la merma institucional que acarrea.  En Cuestiones de método, lo que planteo es el modelo de interpretación que  se sostiene en la escritura catalogal de Dittborn, en la coyuntura de 1976 y 1977.  Esta prueba es in-ilustrable, en el sentido que produce la actualización anticipante de la cuestión del archivo, como el efecto inmediato de la hipótesis de la trienal como intervención teórica.

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