LA CALIDAD DE TRABAJO.

La calidad del trabajo no es recogida por las crónicas de la prensa insuficiente. En la Trienal de Chile, la visita de Nelson Brissac y Nelson Garrido a Santiago, durante la semana pasada, señalan aspectos inéditos de sus relaciones con la escena productiva en artes visuales.

El primero ya había visitado el país, hace unos cuantos años, en el marco de los trabajos que la gente más lúcida del equipo de “obras de arte” del MOP realizaban desde ese entonces con el objeto de expandir la noción de arte público que se manejaba desde el Estado. La actual presencia de Brissac como curador del proyecto de arte público de la Trienal de Chile viene a significar un factor de avance respecto de dicha expansión, en el contexto de lo que pueda ser convertido en plataforma crítica para un nueva definición de arte público en nuestra escena, que incorpore la exigencia de no llamar a las prácticas comprometidas, arte público, ya que se trata de una noción que no logra compilar la complejidad del trabajo actual de producción de ciudad.

La Trienal no inventa nada, sino que pone en movimiento algunas cuestiones que están en el aire y  que forman parte del adquirido reflexivo de cierto tipo de prácticas artísticas que se ubicarían entre lo relacional y la critica institucional; es decir, privilegia la producción de comunidades locales específicas y colabora con la construcción de escenas locales, sobre todo, en la producción de sus autonomías.

El segundo había residido en Chile durante su infancia, a fines de los sesenta, junto a su familia, como exiliados venezolanos. Hoy día reside en caracas y sostiene una organización independiente titulada ONG, es decir, Organización Nelson Garrido, cuyo propósito es “desplegar una acción cultural con rasgos alternativos”.  Es decir, la ONG se configura como un dispositivo de intervención social específico, bajo dos supuestos básicos, que el investigador Gerardo Zavarce, define en los siguientes términos: “1.- La ONG como aprendizaje experiencial: esencialmente la ONG es una escuela de fotografía cuyo programa de actividades permite la consolidación de una enseñanza integral que va más allá de la adquisición de destrezas instrumentales y conocimientos formales de la fotografía”. (. . .). 2.- lejos del Estado y lejos del Mercado: Organización y Autogestión, el mantenimiento del carácter alternativo de  la ONG, su permanencia en el tiempo, dependerás de la capacidad que demuestre para no sucumbir alas tentaciones del mercado que convierten a las iniciativas culturales de Gestión Independiente en apéndice de las estrategias de mercadeo y de imagen publicitaria, convirtiéndolas en moda cultural e incapacitándolas de transgredir los códigos visuales constituidos por el universo del marketing simbólico. El patrocinio es dominación”.

Lo anterior es tan solo un estado de situación de la movilidad que estas experiencias representan, ya que Nelson Garrido, al venir a Chile, entre otras cosas, expone su propia movilidad para conectarse con otros grupos chilenos independientes que ya participan de redes de espacios culturales alternativos. La cuestión que está en la agenda de estos grupos es la de la consistencia de dos conceptos: el de residencia y el de subvención. La Trienal de Chile piensa en esos efectos como una cuestión necesaria, que los grupos actualmente existentes en las escenas locales, abordan cada día, para sostener experiencias que no estén validadas por la mirada santiaguina, sino por el establecimiento de exigencias formales regionales cercanas.

La prensa chilena no alcanza a recoger la calidad de las intervenciones silenciosas que las visitas de estos curadores instalan en nuestra escena. Ni se formulan una idea mínima de las proyecciones que sus agendas pudieron significar a su paso por Santiago, donde se conectaron con diversos agentes y especialistas de la plaza.

Valga resaltar en este contexto la importancia que tuvo en la instalación de la idea de una trienal para Chile, los textos y reflexiones de Nelson Brissac a propósito de su proyecto Arte/Cidade. Durante todo el año 2006 y 2007, no hubo reunión con promotores de gobierno, agentes interministeriales, lobbystas intrasectoriales, ministros, encargados de área, en que no mencionara el ejemplo de Arte/Cidade como un acontecimiento curatorial dotado de características particulares que, guardando las proporciones, era factible de implementar al menos parcialmente, en pos de objetivos que hicieran comprender que una Trienal puede ser  un dispositivo  de producción de ciudadanía. Perdí mis catálogos de tanto exhibirlos en mesas ministeriales a funcionarios que por vez primera se enfrentaban ante las exigencias de unas prácticas de arte que significaban algo más que colgar un cuadro en un muro. Resulta sorprendente que muchos de ellos dicten cátedra, hoy día,  en el seno de algunos directorios a los que han accedido para retener el alcance del dispositivo que ellos mismos pusieron en función, sabiendo de antemano que debían hacer el trabajo de desnaturalización que su autoridad les demanda.

Remito a los lectores a la lectura de Nelson Brissac y les propongo, en la perspectiva de esta entrega, el artículo que publicó en el número trece de la revista Todavía, de Buenos Aires, en abril del 2006, del que retengo el siguiente fragmento:” En los últimos años, asistimos a un proceso de uniformidad de las megalópolis, alentado por proyectos urbano-arquitectónicos de capitales internacionales. Se configuraron así enclaves autosuficientes, dominados por grandes infraestructuras y aislados del resto del tejido urbano. En estrecha articulación con este proceso, se multiplicó la organización de megamuseos y exposiciones temáticas itinerantes a nivel internacional, montadas en inmensos ambientes artificiales y escenográficos, que subordinan la producción y la percepción estéticas a la misma lógica espacial. Se trata de una monumentalidad que coloca la ciudad y el arte a disposición del espectáculo y del turismo cultural. Las experiencias realizadas por Arte/Cidade, en cambio, instalan procedimientos diferentes, tanto en lo que se refiere a la elección del espacio como a las tácticas artísticas y urbanísticas empleadas. Pero sus prácticas también suscitan una serie de preguntas: ¿cuál es el papel que este proceso artístico terminó por adquirir? ¿Cuál fue el efecto urbanístico –económico, social y político- y cuáles los resultados estéticos del proyecto? ¿De qué modo sus principios y sus procedimientos influyeron en otras iniciativas artísticas que, desde entonces, tomaron el espacio urbano como parámetro?”.

Esto era lo que quería demostrar; que las presencias de Nelson Garrido y Nelson Brissac apuntan a señalar dos grandes exigencias que la Trienal de Chile asume como condición de su programa: construcción de escenas locales independientes y resignificación del arte público.

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