NADA SE PIERDE.

Si bien escribo sobre la contingencia, no trabajo en la inmediatez. Todos los textos de análisis remiten a un espacio de mediaciones, en la medida que afectan recursos institucionales. Me refiero a iniciativas dotadas de una exigencia mínima de duración. Una cuestión de la que me ocupo es, justamente, la durabilidad de las iniciativas. Lo cual obliga a disponer de un fondo de textos destinados a poner en escena el relato de las condiciones de concreción de unas experiencias determinadas.

Será el caso de dos experiencias cuya sistematización me ha permitido fijar líneas de fuga para cimentar otras iniciativas que poseen a su vez sus propios efectos analíticos. Ambas experiencias remiten a actos fallidos de proyección general, si bien, no alcanzan a modificar la orientación estratégica de mi trabajo.

En diciembre del 2007 fui objeto de una agresión institucional programada; mientras en mayo del 2008 me vi compelido a tener que abandonar un proyecto cuyas proyecciones catastróficas había comenzado a prefigurar en el mismo mes de diciembre. En ambos acontecimientos hubo un elemento común. Tanto en el uno como en el otro, la migración estuvo en la orden del día.

En la primera agresión fui invitado a un pre-opening de la acción de Santiago Sierra en Matucana 100.  En términos estrictos, no hubo pre-apertura sino una trampa objetiva tendida por los anfitriones, a través de la cual fui incorporado sin mediar provocación a una operación en la que mi presencia pasaba a ser materia dispuesta y disponible de la acción. En la segunda experiencia, relativa a la renuncia, fui objeto del trabajo reductor de un modelo administrativo que fue sobre impuesto al concepto curatorial de un proyecto dado a conocer como Trienal de Santiago.

En el trabajo preparatorio a la invitación de los artistas susceptibles de formular proyectos de residencia dura, en el seno de comunidades específicas, una de las  tareas que me fue asignada comprometió  la redacción de un estudio a través del cual se debía informar a estos artistas sobre los lugares que, eventualmente, podrían estar en condición de acoger una de estas experiencias. Un capítulo significativo de este estudio  correspondió a la situación planteada por las condiciones de existencia de la migración peruana en los barrios de Recoleta e Independencia.

En el momento en que iniciaba la redacción del estudio, fui conminado a asistir a la trampa que me tendió Matucana 100. No es necesario realizar un relato pormenorizado de dicha acción: un número determinado de invitados era enfrentado, mediante el montaje de un dispositivo teatral determinado, a dos centenares de ciudadanos peruanos con residencia en Santiago, contratados para actuar como extras y representar a individuos forzados a mirar de frente, manteniendo rasgos faciales de malestar.

Trabajando como asistente de una curatoría en la que se privilegiaba el diagrama de una experiencia de residencia dura, la trampa de Matucana 100 puso en evidencia un gesto  político de banalización  de la relación entre la ciudad y sus límites. No se requiere ser un experto para saber que la oposición campo/ciudad configuró nuestras representaciones del siglo XIX; tampoco es necesario ser muy avispado para entender que la oposición centro/suburbio ha conformado el imaginario del siglo XX.

Pues bien: tampoco resulta imperativo ser políticamente  perspicaz para comprender que el conflicto de hoy no es ni ciudad/campo ni centro/suburbio, sino más bien reproduce la oposición sedentario/nómada. Eso lo sabe de sobra Santiago Sierra en la medida que proviene de un mundo del arte definido por y para la satisfacción sedentaria, respecto de la cual, todos sus viajes de exploración no parecen más que pequeñas empresas de usura del sentido colonial, puesto que opera desde la seguridad del trabajo y  la completud del empleo subsidiado por la legislación europea que le  sanciona el valor de su pasaporte. ¿Acaso no lo sabe Matucana 100?

Santiago Sierra viaja a Santiago para contratar a unos migrantes que sabe en posición de fragilidad estructural. Mejor aún: viaja a Santiago porque sabe que existe Matucana 100 como centro de acogida de experiencias de artistas de paso;  que adquiere por ese contrato un rol de  institución de asistencia artística, siendo homologada a una agencia de artistas que sufren en su propia escena plástica, una exclusión análoga a la que se dispone Sierra demostrar, al contratar a los peruanos como extras de la industria del cine publicitario local.

Mientras esto ocurre, inicio la primera redacción de un largo texto descriptivo, que titulé Informe de Localización. Uno de los puntos que dicho estudio descriptivo abordaba, entre otras cosas, era la “localización” de la  “suburbización” del centro depreciado de la ciudad; que dicho de otro modo, apuntaba al reconocimiento de condiciones edificatorias en estado de tugurización, como franja de acogida objetiva para migrantes peruanos en las comunas de Recoleta e Independencia.

El proyecto de la Trienal de Santiago hizo visible una situación inadmisible desde el punto de vista político; a saber, ¿cómo fue posible que un grupo de personas hubiese alcanzado a ocupar el lugar de una dirección ejecutiva de un proyecto complejo, poniendo en movimiento prácticas de poder que exigen, en efecto, disponer efectiva y resolutivamente de él?  No basta con mencionar incompetencia de gestión,  sino que es preciso determinar la naturaleza de las garantizaciones políticas que sostuvieron a dicho grupo en su “delirio de gestión”.

He confeccionado dos carpetas, destinadas a consignar, por una parte, el análisis de la banalización migratoria de Santiago Sierra/Matucana 100, y por otra parte, a exponer las diferentes piezas editoriales que sustentaron mi trabajo como asistente de la curatoría que había asumido Maricarmen Ramírez. La primera carpeta contiene cinco textos orientados de manera exclusiva a analizar la participación que me cupo en la ACCIÓN MATUCANA, mientras  la segunda carpeta aparece bajo la rúbrica TRIENAL DE SANTIAGO y acoge siete textos de diversa procedencia y que fueron escritos para  ocasiones institucionales diferentes.

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