¿POR QUÉ HABRÍA QUE HOMENAJEAR A ELENA VARELA EN EL DÍA DE LAS ARTES VISUALES?

En estos días, las autoridades de artes visuales del Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes proponen un mecanismo de votación para elegir, de una lista de cinco, al artista que debe ser homenajeado en el Día de las Artes Visuales.

Sin quitar mérito a los cinco artistas propuestos, cabe la duda de si, en las circunstancias actuales corresponde homenajear a un operador visual o a un operador de gestión institucional, mientras no se aclare la situación de la documentalista Elena Varela, en prisión preventiva desde el 7 de mayo en la cárcel de Rancagua, acusada de ser financista y autora intelectual de dos asaltos.

Muchos colegas de Elena Varela han percibido con hastío el comportamiento de la prensa escrita y de los noticieros de televisión, en los que Elena Varela ya ha sido condenada, sin que medie juicio o sentencia alguna. Respecto de este caso, así como lo ya lo ha hecho recalcar Pablo Azocar, no es forzado el paralelo con la novela del Premio Nobel alemán Heinrich Böll, El honor perdido de Katharina Blum.

¿De qué se trata aquí? De restituir el honor perdido de Elena Varela. Para eso, es preciso que quienes vayan a votar por el artista o gestor homenajeado de este año, en el Día de las Artes Visuales, voten por Elena Varela, siendo esta puesta en visibilidad de su nombre y de su caso, un gesto de reclamo, de exigencia de justicia, recurriendo a dos argumentos:

1.- Colaborar en la administración de justicia. Esto significa, manifestar una preocupación determinada frente a signos que indican la ausencia de un juicio justo.

2.- Restituir la dignidad a los productores de imagen. Esto parece una cuestión leguleya: distinguir, por ejemplo, entre material de cámara y material editado. La cuestión de la autoría se resuelve en la puesta en la producción de circulación. Los materiales de cámara pertenecen al privado de la documentalista. Los materiales de cámara de un film de ficción, ¿a quién pertenecen? Probablemente, a los financistas, a los promotores de la industria del cine, a los productores? De todos modos, la ficción apunta a disponer de productos sobre temas que son declarados “opinables”. Mientras que el documentalismo porta consigo las condiciones de su condena, como registro de situaciones que son declaradas, o pueden ser declaradas, objetos audiovisuales por cuyas imágenes es posible imputar no solo a su operador de registro, sino simplemente, a su portador.

Esta situación plantea el problema de la fragilidad de las imágenes, que no son reconocidas como insumos para la industria de la noticia y de la delación compensada que la acompaña. La fragilidad de las imágenes tiene que ver con la posición vulnerable de quienes son objeto de un registro que pone en escena la representación que las minorías, al interior del universo ya tramado de las clases subalternas, se hacen de sí mismas.

Las imágenes secuestradas por la policía corresponden a compactos sintomáticos de una desesperación social que se hace visible mediante la corporalización de la palabra. La Agencia Nacional de Inteligencia -como organismo cultural- busca reducir las responsabilidades de la ruinificación de la imagen-de-si de un pueblo.

¿En que consiste el crimen de Elena Varela? En acoger la palabra y la imagen de los que no tienen acceso ni a la palabra ni a la imagen; más bien, su única condición accesible es ser producidos como absceso en las construcciones ya fetichizadas de completud sin fractura de la imagen-país. Es decir, lo que ha hecho Elena Varela ha sido construir el estatuto de un testimonio elaborado como relación social. No se puede emplear un medio tecnológico como el cine y/o el video documental sin saber cuál es el riesgo antropológico que se corre, conociendo la historia de las reglas del género, el trabajo del tiempo en las palabras encarnadas.

Hay que pensar en que esas imágenes requisadas son las que reproducen retratos y hablas de una gente cuyo discurso no debe ser conocido; es decir, una gente que podría ser susceptible de ser re-calificada en sus condiciones ciudadanas, como descarte. Más que nada, son puestos en esta situación para ser, precisamente, imputados mediante fisuras legales, para las que se requiere de un tiempo de incriminación consecuente.

Elena Varela es una víctima relevante de la criminalización de las movilizaciones del pueblo mapuche. Elegirla como artista homenajeada en el Día de las Artes Visuales significa interpelar a la autoridad política, acerca del alcance de sus responsabilidades en la sustracción de derechos, no ya de imagen, sino de ciudadanía.

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LA SOLIDARIDAD CON ELENA VARELA. Justo Pastor Mellado (15 de junio 2008).

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