Teatro de Animación Comunitaria

En plena dictadura, Pina Bausch estuvo en Santiago. Su trabajo de vanguardia plástica no fue reconocido por quienes hoy la invitan, ya que hace casi treinta años su retórica visual ponía en cuestión la teatralidad chilena. Hoy, su trabajo ya es un referente. El teatro chileno ha avanzado, formalmente hablando, a unos niveles de radicalidad que, sin embargo, no resuelve el “tema” de la voz. La densidad de muchas obras se desmonta por el estatuto de la voz. Ese es un asunto que debe ser objeto de otro análisis.

El Festival Teatro a Mil desarrolló una estrategia de prensa para validar la presencia de Pina Bausch, recurriendo a dos cosas: que su marido es chileno y que un fragmento de la obra aparece en una película de Almodóvar. ¡Hay que tener paciencia!, ¿verdad?

¡Bien! La otra oferta, de “masas”, significó una regresión para el teatro. El éxito del espectáculo lúdico-circense radica en la operación conjunta entre Medios y Productora. A tal punto, que intervinieron el espacio de las noticias, produciendo expectación forzosa. Es lo que se llama subordinación de la producción de noticias a la producción de espectáculo. La noticia, un espectáculo más, que pone en duda la probidad de los Departamentos de Prensa. Todos se ponen al servicio de la teatralización banal de la vida cotidiana.

La gravedad es que este tipo de éxitos reorientan la ansiedad de la clase gubernamental, en un momento de baja en las encuestas. Carmen Romero ha tenido la virtud de ofrecer una versión renovada de la fórmula “pan y circo”, llegando a poner en duda la eficacia programática de los propios “carnavales culturales” y del Proyecto Sismo.

Al declarar que Teatro Mil debe llegar a regiones, propone la implementación de una política nacional de espectáculos masivos exitosos y de función reparatoria, que debiera ser apoyada íntegramente por el CNCA y la SEGEGOB.

Habría que escoger las ciudades más complicadas para el gobierno. Concepción, por ejemplo. Hacerla caminar,a la pequeña Gigante, desde San Pedro de la Paz a Concepción, y hacerla cruzar por el puente. Se mandaría guardar toda la estatuaria dolosa que la Comisión Nemesio Antúnez (MOP) “legitimó” en el borde del río.

Sería genial. Y así, hay que buscar otras ciudades. Royal de Luxe tendría un contrato anual y los servicios culturales de la Francia republicana exportarían una “política francesa del teatro como dispositivo de animación comunitaria” ejemplar. Su éxito debiera incluirlos en los acuerdos binacionales de cooperación tecnológica; en el item relativo al traspaso de experiencias en manejo de poblaciones simbólicamente vulnerables.

El gran triunfo de Carmen Romero ha sido desplazar completamente el modelo de las “negras esteres” de Andrés Pérez. Las operas populares urbanas de reposición de la “remolienda” quedan aniquiladas por la explosión en el centro histórico de Valparaíso, porque desapareció la escenografía. Pero Carmen Romero no solo se cargó esa política, sino que logró definir una política interna francesa para el exterior, en la que la tradición del Theatre du Soleil fue aniquilada a favor de Royal de Luxe. Mnouchkine, c´est fini! ¡Demasiado clásica!

Lo que la lleva, ahora, es el modelo del artista subsidiado. Esta es otra de las enseñanzas que se pueden sacar de esta experiencia.

Y como uno siempre se queda corto respecto de la “realidad”, ésta viene sobre nosotros y nos cae con su elocuencia ya predeterminada. En un número de Las Ultimas Noticias de la segunda semana de febrero, cuando al parecer “no hay noticias”, aparece la información de que la Pequeña Gigante ha sido “replicada” en provincia, en el marco de una fiesta local, como expansión del concepto de “carro alegórico”.

Esto es genial: Royal de Luxe es sometido a la lectura reductiva de la retórica festiva del “carro alegórico” en una fiesta con reina local y todo. En definitiva, no es más que eso, en verdad, una “estudiantina” de grandes dimensiones que pasa por “teatro de masas”. Esto, en el léxico de la administración se llama TEATRO DE ANIMACIÓN COMUNITARIA. En esto, queda claro que a más de alguien le están pasando “pequeña gigante” por liebre.



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