ÁREA CHICA 1

Hace unas semanas, los artistas que sostienen el proyecto “BLOC Tutorías de Arte” publicaron una declaración sobre la crítica de arte, que tiene la virtud de expresar dos cosas: desazón y resignación. En la sección de comentarios del sitio web del proyecto, Sebastián Riffo les devuelve el fragmento de un texto de José Pablo Feinmann, escritor y filósofo argentino, no solo especialista en la historia del peronismo sino un estudioso de las organizaciones políticas de vanguardia. La maldad de Riffo reside en haber remitido un texto que se refiere a la constitución de frentes políticos y a la producción de manifiestos con sus efectos orgánicos. En parte, Riffo responde a BLOC devolviéndolos al origen de su desazón, describiendo la naturaleza de su resignación, acusándolos de manera implícita de no cumplir con los requisitos inscriptivos de los escritores de manifiestos. En suma, los desautoriza como grupo de combate. En el fondo, les dice: ¡hagan política, de una vez por todas! Aunque pienso que siempre han sostenido una política; solo que nos les ha rendido fruto alguno.

En el actual ambiente santiaguino de las artes, dominado por la flaqueza analítica de un gremio en crisis de vocación institucional , la declaración de BLOC agrega un factor suplementario que permite proyectar una crisis mayor de la escena, arrastrada durante años por los mismos agentes y que no tiene más destino que la mantención de su subsistencia a velocidad de mediano crucero, sin acumular más fracasos que los que ya han definido su condición de existencia durante esta última década. La sorpresa que ha causado la declaración de BLOC tiene que ver con la ausencia de su necesidad enunciativa y con la demostración pública de una incomprensión de problemas complejos que pueden afectar el futuro del negocio. Un artista recién egresado, que sea portador de una ambición mediana, dudaría inscribir su nombre en un proyecto cuyos agentes hacen visible tal candidez institucional.

En primer lugar, BLOC pone en duda su credibilidad como grupo operativo cuyo objeto es la tutoría, como extensión del modelo académico del que provienen y del que han sido sus mejores exponentes. Es decir, trabajan en un espacio post académico donde el modelo de los talleres de grado de la Católica formulan una solución de continuidad discipular, en un terreno de mediación eficiente entre el momento de egreso de la escuela y el momento de construcción de un campo de autonomía. La tutorialidad independiente de BLOC busca validarse como garantizadora inscriptiva, allí donde ya la academia no puede operar. Lo cual significa correr con los costos de instalación de un mercado de consultoría y entrenamiento para jóvenes artistas emergentes. Sin embargo, la declaración innecesaria que han dado a conocer es la demostración de que carecen de una concepción afinada de la mediación artística y del rol que juega el régimen de escrituras en dicho proceso, poniendo en duda -como ya lo he indicado- su propia pertinencia para tutorializar un análisis institucional. Ahora bien: pueden ser muy eficaces en trabajar como tutores de producción de obra, pero no demuestran tener dominio sobre lo que se juega en el campo en que ellos mismos se desempeñan como pequeña institución habilitadora de discurso y de producción poiética.

En segundo lugar, queda en evidencia en los párrafos 3 y 4 de la declaración de BLOC, que no se identifica el tipo de crítica de su conveniencia, si bien apunta su potencial de fuego contra aquella que se escribe en los medios escritos. Luego hacen una enumeración de lo que podría ser el comportamiento de la crítica, pero que excede la crítica de los medios, incluyendo a los presentadores de catálogos, que es arena de otro costal.

Lo mejor es revisar algunos términos. A lo menos, la declaración parte con una afirmación: existe desinterés. Luego, se debe entender que el desinterés del público es una producción de la crítica y que BLOC es víctima de un círculo viciado. Porque si bien existe una producción textual de artistas, entre la que los miembros de BLOC se cuentan, jamás acceden a los medios más leídos (diarios de gran circulación). Incluso, ni los comentadores de glosa que ocupan los formatos de la clínica los toman en cuenta, por pitucos subordinados a la zona de influencia y de operaciones de la Católica-Finisterrae. En este terreno, hay que pensar que BLOC sufre las descalificaciones, tanto del sector subalterno afiliado a la crítica de los filósofos del bloqueo “arcis-la-chile” como de la seccional educativa de una universidad privada de calle República. Es decir, la ausencia de atención crítica es de marca mayor. Por antonomasia, los artistas que suscriben la declaración solo acceden a colocar sus escritos en los medios menos leídos. ¿Pero, cuáles son esos medios?

Ahora bien: uno de los momentos fuertes de la declaración es aquel en que se declara que los medios más leídos no portan atención sobre obras de artistas que llevan 10 o 40 años de carrera, ya que solo publican noticias de unos pocos artistas consolidados. Pero eso corresponde a una situación inevitable, que solo puede hablar de la eficacia política comunicacional de Galería Animal. BLOC apela a los derechos que los artistas no consolidados pudieran tener para ser objetos de atención, ya que declaran asistir a la puesta en espectáculo de la noción de “joven talento”, en contra del silenciamiento y omisión de quienes se juegan la carrera larga y cuyas obras carecen de atención de parte de los medios más leídos.

Respecto de lo anterior, una cosa es cierta: no se es objeto de atención crítica por decreto o por efecto de justicia distributiva. Resulta preocupante la noción de carrera larga que no es capaz de producir atención sobre sí. La propia producción de atención es una construcción compleja, que pone en evidencia la pertinencia de una obra para hacer hablar de sí. Lo que en verdad sorprende en la declaración es que los firmantes esperan y aspiran obtener la atención de los medios más leídos. En nuestra escena: ¿El Mercurio?, ¿La Tercera?

En este punto, cabe la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible pasar del medio menos leído al medio más leído? Sin embargo, ¿qué sería un medio menos leído? Supongamos: ¿La Panera?, ¿Arte al límite?, ¿O estarán pensando en las revistas académicas de la Católica o de la Chile? El problema no reside en que sea un medio más leído o menos leído, sino un medio que sea relevante para la inscripción de obra. ¿Cuáles son esos medios?

Es aquí que se plantea la necesidad de un pacto entre artistas, críticos y medios. Pacto imposible: antes del crítico está el editor. No suele haber articulación entre crítica y editorialidad. Sin embargo, la declaración es muy clara para afirmar que el profesional que debe habilitar este pacto, no realiza su trabajo de conectar al público con los artistas. Pero, ¿esa es la tarea que los firmantes le asignan al crítico? El procedimiento es mucho más complejo, valga repetir esta perogrullada. Y BLOC lo sabe, porque de lo contrario no se hubiese habilitado galería YONO, que aparece como una ampliación de la oferta de quienes carecen de atención crítica.

En definitiva, la declaración no puede ser tomada en serio, ya que solo expresa el malestar comunicacional que genera la dificultad que implica manejar dos iniciativas; una, tutorial, y otra, post-tutorial. Ambas iniciativas generan en el ángulo urbano de los Jesuitas con José Miguel Infante un espacio de atracción que puede consolidarse solo a condición de ir bastante más allá que las consideraciones de la declaración sobre la crítica. De este modo, competirían contra Alonso de Córdoba y Pedro Aguirre Cerda, al mismo tiempo. Sin embargo, para levantar una alternativa real, que combine tutoría con efecto orgánico, hay que hacer política; es decir, concebir BLOC como una plataforma de aceleración formal del modelo académico de los talleres de grado de la Católica y como un espacio de colocación referencial de su discipularidad dependiente, en alianza con iniciativas de residencias extranjeras, con el objeto de asegurar de algún modo la internacionalización de los artistas emergentes. Esto es lo que significa ir bastante más allá que las consideraciones ingénuas sobre la crítica. La respuesta está en el fragmento que les propuso Sebastián Riffo: ¡hagan politica! A lo que agregaré: ¡hagan política, de la crítica, desde el diagrama de sus obras! Lo cual significa repensar las condiciones de mediación en la producción de atención crítica.

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