Justo Pastor Mellado
MI ÚLTIMA CLÍNICA EN CÓRDOBA (3).   Imprimir  E-Mail 
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Malo Bueno
Thursday, 03 de January de 2013

¿Qué tenía que ver Clitemnestra en la clínica de Córdoba? ¿No será mucho, pensar una escena de arte como sinonimia de la guerra de Troya? !Pero sinonimia expandida, como excusa! Sin dejar pasar el hecho que una escena de arte no se organiza como una escena de teatro a la italiana, sino que ha adquirido nuevas formas de institución representativa, extremada y peligrosamente ingenuas. Lo cual está ligado a las formas miméticas de los nuevos artistas convertidos en operadores de gestión. Olvidemos a las disciplinas. Está bien: pintores, escultores, grabadores, dibujantes, acuarelistas, ceramistas, recortadores de siluetas, productores de papier maché, etc. Todos ellos, dejémoslos tranquilos. Existirán. El problema es otro, ligado a la transdisciplina. Digamos, al arte (nuevo) como transformación de los índices de conformización institucional, que es la manera chilena de seguir pidiendo permiso y de montar un nuevo género; el artista burócrata, ya sea por efecto directo de fondarización, ya sea por inventor de espacios independientes, en que la independencia es expuesta como herida que debe ser balsamizada por algún Tío Permanente.

 

El primer síntoma de la balsamización ha sido la profusa existencia de los magíster en arte. Magister: madre del cordero; el artista como víctima que está dispuesto a cancelar un fuerte arancel, solo para ser visto por docentes -artistas desfallecientes- punitivos que en la amenaza y posterior ejercicio del castigo instalan la garantía de inscripción en un espacio, consecuente derrumbado. En el sentido que el desfallecimiento de la docencia solo promueve el desmantelamiento del propio espacio de inscripción.

 

El segundo síntoma de la burocratización es reconocible en la inflación narrativa que bajo la denominación de espacios independientes, se relata el procedimiento de conversión en práctica artística de la pragmática de la gestión; es decir, la reconversión hacia el más acá del arte, de una acción que vive del relato de ir más allá. En esta regresión, la ausencia de obra objetual es cubierta por una presencia discursiva que hace Obra del solo relato de obras posibles, incorporando la flojera sublimada en estética de la retención de obra, llegando incluso a parodiar la parodia de espacios ya parodiados por sus modalidades de institucionalización dependiente, montada sobre ficciones barriales que sustituyen la falta-de-partido.

 

En una escena de arte, digamos, delimitada por el mercado, la producción de escándalo permite acelerar procesos de visibilización mediática; sin embargo, en escenas donde el mercado es deficitario, el escándalo que otrora favorecía a los emergentes ha sido reemplazado por la profusión de iniciativas independientes, que es la forma actual de organización de la extorsión institucional. Solo existen estos espacios en directa proporción con la fragilidad de dispositivos públicos de reconocimiento y de proyección. Han optado por inscribirse no ya en el mercado de galerías, sino en el mercado de los subsidios diferidos, plegándose a los imperativos de la censura blanda ejercida por el empleo de la categoría de impacto social. No es de sorprender, entonces, que este nuevo mercado apunte a la explotación de elementos relacionales y contextuales, convenientemente garantizados en el discurso por una usura de citas literales de Ranciere y Nancy.

 

En la clínica de Córdoba opté por remitirme a las obras específicas de artistas específicos, que no seguían la consigna del desmantelamiento de obra que es propia de artistas especialista en espacio in(the)pendiente. Se me perdonará el préstamo de esta palabra, extraída del contexto de Quino. Pero sobre todo, cercana al universo en que Yuyo Noé edita Una sociedad colonial avanzada. Y de paso, afirmo que para comprender la monstruosidad retórica de esta in(the)pendencia, es preciso leer las primeras páginas de Cartas luteranas, de Pasolini.

 

!Hacer Obra desde el “desmantelamiento de la obra”! Resulta fácil decirlo desde la ausencia de obra. No hay obra que desmantelar y ya están edificando una maqueta con las ruinas de su propia actitud. Han convertido a Blanchot en otro fetiche citable al pie de página. La obra de “desmantelamiento de obra” asume las formas de visibilidad fotográfica de una catástrofe documentaria. Por eso los archivos aparecen prácticamente como el soporte de un verdadero giro copernicano. ¿No será mucho? De todos modos, esta situación excede la escena de Córdoba.

 

Para terminar con esta pequeña secuencia: la histerización del archivo sepulta la posibilidad necesaria de realizar un trabajo consecuente, justamente, de producción de archivo. En este tipo de histeria se concreta la ostentación probatoria de zonas de manejo ideológico destinadas a sabotear el trabajo de historia. Razón de más, para en Córdoba, haber intentado relevar los diagramas de las obras.

Última modificación ( Thursday, 03 de January de 2013 )

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