Justo Pastor Mellado
MI ÚLTIMA CLÍNICA EN CÓRDOBA.   Imprimir  E-Mail 
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Malo Bueno
Wednesday, 19 de December de 2012

Hace unas semanas realicé en Córdoba una clínica de análisis de obra con un grupo de artistas locales. En esta circunstancia, algunos de ellos me manifestaron su malestar por no atender mi página web. Es decir, de haber dejado de escribir siguiendo el curso a la contingencia; en particular, sobre cuestiones relativas a las problemáticas relaciones entre práctica artística y práctica institucional. Por cierto, la práctica artística es un tipo particular de práctica institucional; pero ellos se referían a las iniciativas de las instituciones culturales.

 

De partida, viajé a Córdoba pensando en que el organizador de la clínica, el gestor independiente Lucas Ardú había sido mal informado. Mi actividad en el último año ha estado marcada por la dirección de un dispositivo de trabajo cultural y he estado relativamente alejado de iniciativas curatoriales. He abandonado toda iniciativa. Más bien, he invitado a otras personas a realizar curatorías en el centro que dirijo. Y he colaborado a nivel institucional a definir envíos a bienales significativas. Lo que no está del todo mal. Sostengo una estrategia de trabajo que implica una línea de continuidad metodológica entre política interior y política exterior del arte. Mi posición ha sido siempre la misma: no hay política exterior sin una ficción interna que la sostenga.

 

De modo que destiné la primera hora de la clínica a despejar las dudas sobre mi trabajo institucional. ¿Dudas? Más que nada, desconocimiento calculado. Lo central de mi producción textual ha estado destinada a la escritura funcionaria. Es decir, a la masa textual que es preciso poner en movimiento para sostener, desde un encuadre teórico hasta los criterios de validación de una hipótesis presupuestaria. Esa ha sido la parte más importante y significativa de mi trabajo, en estos años de gabinete. Sin embargo, estos años se conectan de manera continua con mis hipótesis de años anteriores, que me condujeron a concebir los proyectos Trienal de Santiago y Trienal de Chile. Cabe recordar que de ésta última fui excluido. Para mis lectores de Córdoba, los detalles no importan. Para los lectores locales, debo señalar que no he escrito nada al respecto, todavía, salvo sostener que mi trabajo en la dirección del Parque Cultural de Valparaíso es la continuación de mi trabajo en la Trienal, pero por otros medios.

 

Todo el trabajo discursivo que fue invertido en la Trienal fue precedido por una serie de textos sobre las condiciones de existencia de los espacios locales y el carácter de las iniciativas autónomas, que terminó en la propuesta de dos nociones; la primera, la existencia de una tasa mínima de institucionalización que permitía identificar consistencias orgánicas suficientes en lugares en que no era posible reconocer la existencia de una escena en forma; y la segunda, la editorialidad como estrategia sustituta en lugares en los que jamás serían edificados centros de arte, en sentido estricto.

 


La cuestión del sentido estricto es clave, porque en términos amplios, no existe ningún centro de arte que no esté subordinado a la lógica de un centro cultural. Lo cual le resta autonomía formal e institucional tendiente a sostener una ficción interna de proporciones, vinculada a una fabulación exterior. Lo que existe son rudimentos de conexión en estado de fragilidad permanente. El hecho que un centro de arte esté subordinado a un centro cultural es una muestra de que las prácticas artísticas deben pagar un derecho a peaje que los garantice; cuya más perversa manifestación es la medición de impacto de proyectos de arte en el régimen de castración fondarizada. Lo cual no es más que una manera de digerir la culpa de disponer de un deseo de práctica artística. Lo cual es curioso: el Estado instala una norma para redimir el castigo y regular sus disposiciones como gesto ritual. Bueno: con su deber no más cumple.

 

De todos modos, las elaboraciones sobre el carácter de los espacios locales y las estrategias sustitutas de producción editorial que he desarrollado desde hace cuatro o cinco años, se demuestran totalmente vigentes. Este fue uno de los temas de la clínica en Córdoba. Y este fue el objeto de un debate en un centro de artistas independientes, la semana pasada, en un barrio de Santiago. En el sentido de que independiente se lee como alternativo. De partida, sostengo que la alternativa no existe y que la independencia de los grupos de artistas está supeditada a la visibilidad de los subsidios diferidos. Entonces, ¿de qué estamos hablando?

 

En las clínicas, siempre hay un tema implícito y otro explícito. Lo segundo tiene que ver con lo que ya he señalado a propósito de la editorialidad y los espacios locales. Lo primero, en cambio, se refiere al método.

 

Lo que hace la diferencia al dirigir un dispositivo cultural de envergadura es que se logra disponer de una visión panorámica (mucho más) desencantada de lo que se podía esperar de los espacios locales que ya había conocido y con los que había establecido un cierto trato. La paradoja es que ante la apertura de centros culturales en algunas ciudades, este último tiempo, se ha experimentado una peligrosa regresión, porque las iniciativas artísticas se han tenido que subordinar a las políticas de espectacularización local de los nuevos equipamientos culturales, ya sea privados como estatales. Valga entonces la necesidad de reivindicar la distinción entre Cultura y Práctica Artística, en las escenas locales que han sucumbido ante la nueva pragmática local de una cultura de la nivelación por abajo y de la promoción de un tipo de tallerismo compensatorio, bajo la excusa de la vulnerabilidad de aquellos que siempre estarán disponibles para justificar un presupuesto. La falta ética de este tipo de acciones reside en la promesa de inscripción en un circuito para el que la vulnerabilidad es tan solo una cuota en el mercado protegido de las instituciones culturales.

 

Esto es lo que le debo a mi última clínica en Córdoba; la utilidad de regresar a poner en evidencia el malestar de la crítica, o mejor dicho, la crítica del malestar.

 

 

Última modificación ( Wednesday, 19 de December de 2012 )

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