Justo Pastor Mellado
PLAN CHILLAN (1)   Imprimir  E-Mail 
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Malo Bueno
Thursday, 12 de May de 2011

La última entrega informaba sobre la presentación de un libro en Chillán. ¿Qué le puede importar esto a la escena santiaguina? A mi me importa. En Chillán existe una masa crítica minima, con qué sostener las ficciones que anudan las representaciones locales, si bien lo que podríamos llamar escena plástica presenta evidentes fragilidades. La cercanía de Concepción es una ventaja y una desventaja, a la vez. Hay que vivir con eso. Sin embargo, la masa crítica permite pensar que los hilvanes del imaginario local se verifican principalmente en el terreno literario. Gonzalo Rojas recibía a menudo a los autores de América es la casa, al punto que el título del libro proviene de un verso suyo.

 

Hay que decir, sin embargo, que estos autores admiraban, además de su calidad de poeta, la astucia del organizador y del editor de campo. Todas las historias del muralismo en la octava región tienen como telón de fondo las escuelas de verano de la Universidad de Concepción, a lo largo de la década del sesenta.

 

En Chillán, el 2 de abril, fui testigo, agente de conmemoración e historiador local. Sin embargo, el testigo y el conmemorador le ganaron la partida al historiador. El arquitecto que construyó la Casa del Arte de Concepción, en la que se alojó el mural de González Camarena, pintó un pequeño mural en mi habitación de niño, en los colectivos de Pelantaro con Carrera. Quisiera datarlo antes del terremoto del sesenta. En Chillán y Concepción, los terremotos sostienen el patrimonio inmaterial. Ambas ciudades son los ejes de una situación particular en las relaciones entre Chile y México. Los principales murales, en ambas ciudades, fueron realizados después de un terremoto, por artistas mexicanos. Esto es digno de estudio. La decisión de realizar un mural en Chillán no es una casualidad. Era una posibilidad que estaba en el espíritu del tiempo.

 

De partida, hay que mencionar que el gobierno de Chile fue reticente a reconocer al primer gobierno de la revolución mexicana. Luego, que la posición chilena ante la invasión estadounidense de Veracruz tampoco fue muy digna. A lo que se debe agregar las dificultades que surgieron en las relaciones diplomáticas entre México y Chile, en 1936, suscitadas por desaciertos en la gestión del embajador mexicano en Santiago, Ramón P. de Negri. Si bien, las relaciones ya se habían enrarecido a propósito de la política religiosa mexicana y a la clara alineación del gobierno mexicano al lado del campo republicano en la guerra civil española.

 

¿Estamos hablando de Chillán? No hay que olvidar la exposición que el Departamento de Estado norteamericano realizó en Chile (Santiago, Concepción, Temuco) a través de la IBM, sobre arte contemporáneo del hemisferio occidental, en pro de la causa de los Aliados, en el curso de 1942-1943. Tampoco hay que olvidar que Chile rompe con las fuerzas del Eje, recién en enero de 1943. De modo que la posición de Siqueiros, con su política de Ante la guerra, arte de guerra, iniciada en Santiago de Chile en 1941, no podía caer muy bien en los círculos del gobierno de Juan Antonio Ríos. Es necesario poner en perspectiva el hecho de que la estadía de Siqueiros en Chile supone que el gobierno le impide participar en actividades políticas internas; cosa que Siqueiros respeta al menos durante su estadía en Chillán, a lo largo de 1940.

 

Ahora bien: lo anterior está antecedido por el incidente del embajador De Negri en 1938. Ya que es bajo su embajada que los agregados culturales de la misma, financiados por la Secretaría de Educación Pública, se dedicaron a la militancia y propaganda anticlerical y favorable a la educación socialista. Así lo establece la investigadora María Cecilia Zuleta en su libro Los extremos de Hispanoamérica. Relaciones, conflictos y armonías entre México y el Cono Sur, 1821-1990, publicado por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México en el 2008.

 

De este modo podemos imaginar cual es el ambiente político al que arriba Siqueiros cuando se instala en Chillán. Más aún cuando en 1938 el embajador De Negri es acusado de interferir en la política chilena, lo que le valió una fuerte campaña en su contra, conducida por El Mercurio, que incrementó con ello sus críticas al México izquierdista. Para ilustrar a nuestros lectores sobre el alcance del incidente, remito a una cita del texto de María Cecilia Zuleta (página 204): El asunto terminó con un incidente escandaloso cuando el embajador Ramón P. de Negri, de declaradas posiciones izquierdistas, dejó Santiago en ferrocarril rumbo a Buenos Aires: algunos asistentes a su despedida proclamaron vítores a la Unión Soviética, al Partido Comunista, a la España comunista, al México revolucionario y entonaron la Internacional mientras el resto de los pasajeros del tren gritaban a favor de la religión cristiana. Consecuencias mayores se evitaron cuando el jefe de protocolo chileno se marchó de la estación ordenando que arrancara el tren.

 

Sin embargo, lo más significativo de esta página relativa a estos incidentes está en dos notas al pie, en que la primera hace estado del viaje a Chile de una delegación de maestros militantes izquierdistas que permanecieron como agregados culturales informales de la embajada mexicana, impartiendo conferencias sobre la historia de México y de la organización obrera, y la segunda, reproduce unas líneas del informe del propio embajador a su cancillería, en que manifiesta que Chile es el país que más incondicionalmente sometido a la voluntad eclesiástica católica, y por otra parte, a la influencia de las cancillerías de Berlín, Roma, Buenos Aires y Río de Janeiro.

 

¿Qué significa lo anterior? Que el embajador mexicano de 1939 debía extremo cuidado para vigilar, el mismo, las actividades de Siqueiros. La factura del mural era la mejor excusa para mantenerlo alejado de Santiago, sin contacto directo con las organizaciones obreras. Aunque esto fue lo que justamente realizó Siqueiros cuando se traslada a Santiago en 1942; pero la coyuntura mundial ha cambiado y el artista se convierte en un explícito militante anti-Eje, siendo apoyado incluso por el embajador estadounidense en Chile.

 

La situación planteada por el mural de González Camarena tiene lugar en una coyuntura diferente, ya que es López Mateos quien está en la presidencia de México. En todo caso, en 1972, diez años después, exactamente en abril, fue el presidente Echeverría quien asistió a la tercera conferencia de la UNCTAD. Un año después, México desconoció al gobierno golpista que había asesinado al alcalde de Chillán, Ricardo Lagos Reyes, que fue quien inauguró en 1972 el mural de Julio Escámez en la sala de sesiones de la Municipalidad y que fue destruido por los militares.

 


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