Justo Pastor Mellado
Textos y Muebles   Imprimir  E-Mail 
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Malo Bueno
Sunday, 12 de November de 2006

En “La declinación de una marca” me he referido a tres galerías: Cromo, Epoca y Sur. No deja de ser un elemento decisivo en la reconstrucción documentaria de la escena plástica chilena. ¿Cómo explicar que las tres galerías más significativas del período 1976 a 1981 tuvieran lugar como anexos de una gran tienda de muebles? La exposición de documentos de las ediciones de Fonseca y Zegers en el MAVI no da cuenta de este fenómeno.

 

Tenemos, por ejemplo, galerías que por vez primera acogen una plataforma editorial. El formato asumido es el empleado por el papel roneo tamaño fiscal. Tengo presente tres ediciones: 1) Dos textos sobre 9 dibujos de Dittborn, octubre 1976; Galería Epoca y V.I.S.U.A.L; 2) Smythe, fotografía: san diego esq. Tarapacá. Agosto 1977, Galería Cromo; 3) Anales de la Universidad de Chile, abril-junio 1971, nueva serie.

 

Las cosas no pueden ser simétricas. ¿Acaso debí mencionar La Separata? Este fue el tabloide que Galería SUR editó en 1982. Pero me remití a los Anales de 1971. Entre estos últimos y el tabloide pasaron diez años. Es el tipo de cosas que en una exposición como “Al pie de página” debían haber trabajado. No es bueno analizar una exposición por lo que no hizo. Sin embargo, hasta el nombre no corresponde, ya que induce a un error conveniente buscado por sus habilitadores.

 

Los Anales corresponden a la estrategia editorial del año 1971, durante la Unidad Popular. Es decir, en esa coyuntura, los textos de arte carecen de autonomía editorial. Deben ir en otro soporte mayor que los garantice. Para eso son los Anales. Allí les hicieron un hueco. Entonces, en ese número hay un ensayo de Rojas Mix: “La imagen del hombre” (Muestras de escultura neofigurativa chilena).

 

Después del golpe de Estado, conjurada la amenaza del socialismo, los interiores de los espacios financieros deben remodelarse. Se abrirá un poder comprador de pintura. Sin embargo, en esa misma fase, aparece el interiorismo chileno, como nunca. La Unidad Popular lo había puesto en suspenso. Muchos anticuarios huyeron del país. Los muebles hacendales de los predios expropiados por la Reforma Agraria se dispersaron, formando parte del nuevo interiorismo, disputándose el lugar con muebles hiper contemporáneos. Había tres tiendas de muebles, con fábrica propia: Cromo, Epoca, Sur.

 

En los años sesenta, al lado de una tienda de enmarcado de cuadros se abrió una galería de arte. A fines de los setenta, en el anexo de una tienda de muebles se abrió una galería de arte. De una tienda de enmarcados a una tienda de muebles hubo un paso tecnológico importante, en una sola década. Así como en los sesenta las pinturas huyeron del formato del cuadro, la paradoja es que en los setenta los objetos pusieron en crisis el espacio interior. Los muebles dejaron de ser aptos para enmarcar un modo de vida.

 

Lo anterior es decisivo porque las nuevas obras objetuales atentan contra el interior del nuevo modelo de casa que se instala con la dictadura. El arte, pues, siempre está contra la casa. Del mismo modo, esas obras requerían de un espacio expandido: la editorialidad.

 

Si los Anales expulsaron los textos de arte de su corporalidad editorial, los editores de textos de arte de 1976 y 1977 emplearon las últimas tácticas de los militantes mimeográficos y se la jugaron por reventar la tolerancia tecnológica de la generación que reemplazó al simple stencil Gestetner. El formato era de oficio fiscal, para afirmar la memoria estatal chilena que resistía a través de la reproductibilidad discursiva. Todo esto tenía lugar mucho antes que se forjara el término “escena de avanzada”.

Última modificación ( Sunday, 12 de November de 2006 )

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